En este río pasan cosas, le había dicho la mujer. Cosas raras. Cosas que no creerías. El anciano la miraba desde la otra orilla, sin entender por qué aquella mujer tan elegante le hablaba como si fuera un niño. En este río, insistió ella, suceden cosas imposibles. El anciano miraba el río y miraba a la mujer, miraba el río y miraba a la mujer, preguntándose por qué el agua discurría tan rápido de repente, tan sonora y turbia, y por qué ella llevaba aquel mono de crepé de seda cruda con pernera ancha, y aquel escote en uve que era aún más en uve por detrás, para dejar la espalda descubierta, y aquel cinturón fino que la convertía en...
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