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Interior y el CNI entrenaron juntos cómo anticipar riesgos migratorios dos meses antes de la crisis de Ceuta

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La Policía Nacional, dependiente del Ministerio del Interior, y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), de Defensa, entrenaron conjuntamente en mayo, apenas dos meses antes de la crisis de Ceuta, la obtención y el análisis de información destinada precisamente a anticipar riesgos relacionados con la inmigración irregular.

El ejercicio, organizado por estructuras dependientes del propio Ministerio del Interior junto al servicio secreto español, cobra ahora una relevancia especial después de que Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska hayan vuelto a exhibir sus enormes diferencias sobre los avisos que manejaba el Estado antes de la entrada masiva del 30 de julio.

La cita se celebró los días 20 y 21 de mayo en la Escuela Nacional de Policía de Ávila. Su nombre oficial fue V Ejercicio Internacional de Obtención y Análisis de Información Migratoria en Fuentes Abiertas para Agencias de Seguridad e Inteligencia y reunió a más de 350 profesionales procedentes de 30 países.

No fue una actividad organizada únicamente por el CNI. La Policía Nacional participó directamente en su preparación a través del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, una de las estructuras de Interior especializadas precisamente en el control de los flujos migratorios y las fronteras y a las que la propia Margarita Robles ha hecho referencia velada para defender a los agentes de la Inteligencia española.

El objetivo, según explicó entonces el propio Ministerio, era «reforzar la cooperación internacional y mejorar las capacidades de obtención y análisis de inteligencia en fuentes abiertas» aplicada a la lucha contra el tráfico ilícito de migrantes y la trata de seres humanos.

Los participantes tuvieron que enfrentarse a escenarios basados en situaciones operativas reales para «identificar patrones, actores, rutas y riesgos asociados a fenómenos migratorios irregulares y otras amenazas transnacionales». Es decir, entrenaron precisamente algunas de las capacidades que ahora se encuentran en el centro del debate sobre qué sabía el Estado y hasta dónde pudo anticiparse a la avalancha.

El ejercicio, denominado «Charlie Lima Bravo», reunió además a servicios de inteligencia y seguridad de países directamente relacionados con las principales rutas migratorias hacia Europa. Participaron representantes de Mauritania, Senegal, Mali y Gambia dentro de un grupo conjunto africano, además de la CIA estadounidense, la National Crime Agency británica y organismos franceses, mexicanos y de otros países.

El CNI avisó el día 29

La ministra de Defensa defendió este martes en el Congreso que los servicios de inteligencia hicieron el trabajo que les correspondía durante los días anteriores a la crisis. Y aportó un dato desconocido: el CNI avisó el 29 de julio a la Delegación del Gobierno de que existía una convocatoria para entrar a nado en Ceuta al día siguiente, coincidiendo con la Fiesta del Trono marroquí.

Robles aseguró, además, que la información manejada por Inteligencia fue compartida y analizada con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con la propia Delegación del Gobierno. Dos días antes, el 27 de julio, se había celebrado además una reunión en la que participaron el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, y el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y en la que ya se habló de los llamamientos que circulaban por las redes sociales. Pero la delegación del Gobierno desmintió a la propia ministra de Defensa.

Para entonces, según la ministra, las entradas a nado eran «públicas y notorias». Marlaska mantiene, sin embargo, su versión. Horas después de escuchar a su compañera de gabinete, el ministro del Interior reiteró que «no hubo ningún informe» que permitiera anticipar una entrada «sin precedentes» como la que finalmente se produjo.

El matiz resulta fundamental. Interior no niega ahora que existiera información sobre el incremento de la presión migratoria ni que se conocieran convocatorias para intentar entrar en Ceuta. Lo que sostiene es que ninguno de esos datos permitía prever que más de 70.000 personas terminarían atravesando la frontera.

Marlaska ha recordado que durante la semana anterior ya habían entrado aproximadamente 1.000 personas a nado y que Interior había reforzado la presencia de la Guardia Civil. Pero pasar de esas cifras a decenas de miles de entradas en cuestión de horas fue, según el ministro, «extraordinario, excepcional y, evidentemente, difícil de imaginar».

Moncloa intenta hacer compatibles ambas versiones. Fuentes gubernamentales reconocen que Inteligencia había detectado un incremento de las llegadas, especialmente de menores, pero sostienen que «en ningún caso» existió información que pudiera hacer pensar en una avalancha de 80.000 personas.

La información que circuló

El ejercicio celebrado en mayo demuestra que existen suficientes canales entre los servicios de información del Estado como para anticipar lo sucedido el 30 de julio. Tampoco acredita que el CNI hubiera previsto las dimensiones de la avalancha. Pero sí permite descartar que Policía e Inteligencia funcionen como compartimentos estancos cuando se trata de analizar los movimientos migratorios.

Al contrario. El propio Ministerio del Interior documentó apenas dos meses antes de la crisis que Policía y CNI trabajan conjuntamente para mejorar sus capacidades de inteligencia migratoria, intercambiar información con otros países e identificar patrones, rutas y riesgos antes de que se materialicen.

Y ahí se desplaza ahora la pregunta que persigue al Gobierno. Ya no se trata únicamente de averiguar si hubo avisos. Robles ha confirmado que los hubo y ha fechado uno especialmente relevante en el 29 de julio. Tampoco se trata de determinar si existen mecanismos de cooperación entre Interior y el CNI: el ejercicio de Ávila demuestra que existen y que ambos organismos los entrenan conjuntamente.

La incógnita está en qué información circuló durante los días inmediatamente anteriores al 30 de julio, quién tuvo acceso a ella, cómo fue evaluada y por qué las señales existentes no llevaron al Estado a anticipar una respuesta extraordinaria. Marlaska sostiene que nadie podía imaginar la dimensión de lo que se avecinaba. Robles ha dejado claro que el CNI, al menos, estaba mirando.















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