La grieta del muro por la que se coló el imperio soviético
Serguéi Milchakov pasó la noche del 9 de noviembre de 1989 pegado a la pantalla de televisión. En la cerrada base de Wünsdorf, la mayor instalación del Ejército rojo fuera de la Unión Soviética, aquel soldado de 33 años y sus compañeros aguardaban instrucciones. Pero no llegaron. Y Milchakov, que había llegado a la República Democrática Alemana (RDA) un año antes desde la región de los Urales rusos, cuenta que siguió el derrumbe del Muro de Berlín por los canales de Alemania Occidental que se captaban en la base, a unos 40 kilómetros de ese costurón que había dividido Europa y que estaba siendo desmantelado a golpe de cincel y martillo por los berlineses.
