OTRO tema donde ver florecer el cainismo español (y la estulticia sectaria) en su máximo esplendor. Basta pronunciar la palabra inmigración para que la mitad del país, esa que usa el término sin prefijo, lo tache a uno de facha. Agreguemos al asunto unas gotas de emoción visceral (imágenes de rescates en el mar o policías patrullando las fronteras) y habremos conseguido volver imposible cualquier debate racional al respecto. Para desgracia nuestra, pasa lo mismo con cualquiera de los temas en los que es urgente llegar a un consenso sobre cómo abordarlos y tratar de resolverlos, desde cuánto turismo vamos a aceptar en el futuro (ahora que hemos conseguido batir la disparatada marca de cien millones de visitas anuales) hasta...
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