Convertidos en seres salvajes
Cuando éramos pequeños, algunas veces las travesuras infantiles se nos iban de las manos y se convertían en auténticas trastadas, instante en el que nuestras madres o abuelas “nos solían calificar como cafres”. Nunca supe el alcance de tal denominación hasta que un día, tras esquivar un zapatillazo de mi abuela, decidí indagar y averiguarlo, no por internet, sino tirando de enciclopedia.
