Tocar en el Carnegie Hall para cualquier músico es como para un deportista subir al podio olímpico. El prestigio de ese lugar representa la consagración definitiva para cualquier artista que pise su escenario, y se refleja perfectamente en una divertida anécdota popular: un turista pregunta a un neoyorquino: «¿Cómo se llega al Carnegie Hall?», y este le responde: «Practicando, practicando». Ha acogido a figuras históricas desde Tchaikovsky a Leonard Bernstein. Es un templo casi sagrado. Hay quienes lo consiguen, quienes lo sueñan y quienes tienen la oportunidad de pisarlo incluso antes de empezar su carrera profesional. Estos últimos son los alumnos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Su orquesta despega hoy y cruza el charco para debutar en...
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