Cerrar un año con pérdidas no es una anécdota, es un síntoma. Tres de cada diez autónomos han terminado 2025 en números rojos, y la causa no está en su falta de esfuerzo, sino en un sistema que penaliza al que crea empleo. Las denuncias de Lorenzo Amor, presidente de ATA, son el reflejo de un hartazgo creciente: más impuestos, más cotizaciones, más burocracia y menos protección. Un cóctel letal para los 3,4 millones de autónomos que sostienen buena parte del tejido productivo. El Gobierno mantiene un discurso triunfalista amparado en los datos macroeconómicos, pero ignora el deterioro silencioso de los pequeños negocios. Mientras las grandes empresas concentran el crecimiento del empleo, los pequeños emprendedores caen. Comercios, transportistas, agricultores e industriales ven cómo se les exige más, pero se les ayuda menos. El Estado debe dejar de ser una carga para el autónomo y convertirse en aliado. Si 2026 quiere evitar un nuevo fracaso, debe empezar por escuchar a quienes mantienen en pie la economía real.