Por lo visto lo moderno ahora, lo cuqui, lo 'woke' fetén es detestar la Navidad . Abominar del derroche, del reencuentro, del almíbar espeso de los seres queridos. Declararse en huelga emocional, vamos. Algunos, a la vanguardia del progresismo más furibundo y con más tiempo libre, anuncian con orgullo que en estas fechas se marchan lejos, muy lejos, en una huida casi épica de esos a quienes tanto detestan: ustedes, yo, el resto, la gente. A mí, que de modas, corrientes y tendencias sé lo mismo que del bosón de Higgs, me gustan estas fechas. Y me gustan incluso cuando a mi lado hay una de mis cuñadas atrincherada con un altavoz portátil, convencida de que es la reencarnación de...
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