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La cuadra como primera barrera sanitaria del caballo

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La gestión de una cuadra va más allá de la organización diaria del trabajo o del mantenimiento estético de las instalaciones. El entorno estabulado es un factor decisivo en la salud del caballo y, si no se controla adecuadamente, puede convertirse en un foco de problemas respiratorios, digestivos o infecciosos. Por el contrario, una cuadra bien diseñada y manejada actúa como una barrera sanitaria, reduce riesgos y contribuye de forma directa al bienestar y al rendimiento del animal.

El caballo estabulado convive con una elevada carga de microorganismos potencialmente patógenos. Virus y bacterias con afinidad respiratoria o gastrointestinal, esporas de mohos presentes en el polvo ambiental, ácaros y distintos parásitos forman parte del ecosistema habitual de cualquier instalación cerrada. La transmisión de enfermedades dentro de la cuadra depende de tres factores: la calidad del aire y la ventilación, la densidad de población y el nivel general de limpieza. Cuando alguno de estos elementos falla, el riesgo se multiplica. Por eso, el diseño y la construcción de una cuadra deben responder a criterios orientados a la salud del caballo. El objetivo es optimizar la ventilación y la iluminación natural, reducir la exposición al polvo y al moho, favorecer una regulación pasiva de la temperatura y facilitar al máximo las tareas de limpieza y desinfección mediante superficies lisas y no porosas. A ello se suma la necesidad de garantizar una cama adecuada y un espacio suficiente para que el caballo pueda moverse, tumbarse y levantarse con seguridad, evitando situaciones de estrés, incomodidad o lesiones.

La iluminación y la ventilación natural son elementos clave. La instalación de ventanas y tragaluces no sólo mejora la calidad del ambiente interior, sino que permite la entrada de luz solar directa, un potente desinfectante natural frente a bacterias y virus. Además, la luz regula los ciclos fisiológicos del caballo, favoreciendo el desprendimiento del pelaje y contribuyendo a la regularidad de los ciclos reproductivos en las yeguas.

En lo relativo a la ventilación mecánica y a la estructura del edificio, se considera adecuada una tasa aproximada de ocho renovaciones de aire por hora en climas templados con humedad media. En periodos de calor o elevada humedad, el refuerzo mediante ventiladores de techo o de pared puede ser una herramienta eficaz para mejorar la circulación del aire y reducir la concentración de gases, polvo y humedad. El diseño de las puertas del box también influye de manera significativa: aquellas que se abren por la parte superior o incorporan malla metálica permiten un mejor flujo de aire sin comprometer la seguridad del caballo.

Las dimensiones del box y la seguridad del suelo son básicas. Los suelos deben ser antideslizantes para prevenir caídas, especialmente en zonas húmedas o durante las tareas de limpieza. Como referencia, se recomiendan dimensiones mínimas de 3,5 x 3,5 metros para un caballo adulto, mientras que una yegua con potro requiere un espacio mayor, en torno a 5x5. La entrada del box debe permitir un acceso cómodo y seguro, con una altura mínima de 2,4 metros y una anchura de al menos 1,2 metros.

El almacenamiento de los alimentos representa otro punto crítico. El pienso, el heno y el ensilado deben conservarse en espacios secos y en contenedores cerrados para evitar la proliferación de mohos y la contaminación por excrementos de otros animales. El suministro de forrajes en mal estado se ha asociado a casos de botulismo equino, mientras que la contaminación del alimento con orina de roedores se ha relacionado con la transmisión de determinadas cepas de leptospiras.

Los protocolos de limpieza, desinfección y bioseguridad son la base del control sanitario diario. La desinfección regular de boxes, comederos y bebederos reduce la persistencia de agentes infecciosos en el entorno. Para que sea eficaz, el procedimiento debe comenzar siempre con una limpieza física exhaustiva, eliminando la materia orgánica mediante agua a presión y cepillado, ya que estos restos inactivan la mayoría de los desinfectantes químicos. Sólo después debe aplicarse el producto desinfectante, ya sea a base de fenoles, amonio cuaternario o cloro.

La correcta separación de grupos completa este enfoque preventivo. Yeguas preñadas, yeguas con potro y animales recién destetados deberían mantenerse separados de potros de un año y caballos adultos. Del mismo modo, el aislamiento de los nuevos ingresos durante un periodo aproximado de 30 días permite vigilar su estado de salud y reducir el riesgo de introducir enfermedades infecciosas en la cuadra.















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