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En el espejo venezolano

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Confieso que la realidad me alcanzó; tenía previsto compartirles mi opinión sobre la reforma electoral anunciada meses atrás y reiterada recientemente por la presidenta de la República y sus principales voceros, pero Venezuela se impone.

Maduro es sin duda indefendible, pero la intervención de Trump también. Eso no quiere decir que uno no tenga una posición frente a una u otra conducta ni tampoco que uno se erija por encima de los abusos y sus trágicas consecuencias, no, no es una salida fácil, sino la búsqueda de explicaciones y nuevas rutas derivadas de nuestra historia y las de otros.

Nunca la paz se construirá sobre la guerra; los ejemplos son múltiples. Para no ir demasiado lejos, Hitler construyó en buena medida su liderazgo explotando el sentimiento del pueblo alemán de que el acuerdo de paz de la Primera Guerra Mundial era injusto y que implicaba reconocer que los causantes del conflicto eran los alemanes; de esa manera convocó a lo más primitivo: el orgullo y el ánimo de venganza.

Para venir más cerca, América Latina fue parte del escenario sórdido de la Guerra Fría. La expansión del influjo ideológico y material de la URSS era intolerable para EU, de la misma manera que la penetración norteamericana en otras partes del planeta era inaceptable para los soviéticos. Una paz firmada sobre armas simula una guerra soterrada.

Después de la caída de Batista en Cuba y por más justas que fueran las causas castristas, lejos quedaron estas para que la isla se convirtiera en un plato apetitoso en el reparto del mundo.

Hasta la fecha, esta secuela, ¡66 años después!, ha sostenido a la dictadura cubana y el empobrecimiento de su pueblo que, al parecer, es lo que menos importa.

En el escenario de la Guerra Fría, Latinoamérica vivió décadas de una trágica historia en la que por encima de las aspiraciones democráticas se impusieron los intereses de los polos hegemónicos.

Así, cualquier señal de país independiente en el hemisferio occidental era considerada como una afrenta para quien se piensa el dueño del continente. Las políticas de Nixon, Ford y Kissinger impusieron dictaduras para sofocar cualquier intentona que pudiera atentar contra sus intereses.

Finalmente, a la caída del Muro de Berlín y “el fin de la historia”, las dictaduras se vuelven al menos antiestéticas y la democracia debe ser el patrón a seguir, hasta que esta se vuelve incómoda, justo porque su naturaleza es la pluralidad y la posibilidad de la alternancia.

Ahora estamos en un momento más complicado, pasamos de la Guerra Fría a la ilusión democrática y a una nueva reconfiguración de las hegemonías, a un planeta al menos tripolar —EU, Rusia y China— y a ello se suma algo más corrosivo, el crimen organizado como un poder real, un “poder fáctico”.

Para completar el panorama, están los consorcios económicos supranacionales que, como nunca, concentran riqueza y poder.

Por lo que hace a nuestro hemisferio, nos encontramos ante Estados que buscan imponer su hegemonía, Estados débiles —frágiles institucionalmente, en sociedades polarizadas— y contrapoderes aconstitucionales fuertes que velan por sus propios intereses sin reconocer fronteras, trátese del negocio ilegal o de proveedores de bienes, servicios y tecnología transfronterizos con intereses idem. El caso Venezuela se entiende en ese contexto.

Y por todo lo anterior, no voy a renunciar a mi intención inicial. Debemos vernos en el espejo venezolano. Tenemos un gobierno que al menos ha sido permisivo con el crimen organizado y que está siguiendo la ruta de los autoritarios: cambios constitucionales, cooptación de las autoridades electorales y cambio en las reglas para acceso a posiciones gubernamentales y de representación. Justo por eso no podemos dejar pasar la reforma electoral.

En días pasados, la propia presidenta de la República reiteró que presentará al Congreso su propuesta de reforma y ella, al igual que los principales voceros de su movimiento, han insistido en los temas que son de su interés: representación, financiamiento a la política, atribuciones de las autoridades electorales y costo de la organización de los comicios.

Pendientes están temas como la revocación de mandato y si van a persistir con la elección de juzgadores en el 2027. La herencia de López Obrador presente y la pretensión de asegurarse control electoral en el caso de que la voluntad ciudadana no les favorezca.

El panorama de Venezuela y otros países de la región no nos es muy lejano; vivimos el tránsito acelerado hacia un gobierno autoritario, en cuya conformación, al menos parcial o territorialmente, ha tenido que ver el crimen organizado, un gobierno que ha derruido el equilibrio de poderes, ha deconstruido el Estado de derecho y con todo ello ha debilitado a las instituciones.

POSDATA: Para los ilusos que creen que con la intervención norteamericana en Venezuela el problema está resuelto y la democracia a la vuelta de la esquina, les anticipo que no hay tal; escuchen con cuidado la conferencia de prensa de Trump y verán que lo que está en su intención son SUS intereses y no el bienestar de los venezolanos.

Lo que es de esperarse es una crisis institucional y un larguísimo proceso de reconstrucción que dependerá de la ciudadanía venezolana. También en ese espejo debemos vernos; la solución a nuestros problemas está en nosotros y no en el Capitán América.















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