Revisión T-MEC: paralelismo geopolítico
Desde el punto de vista geopolítico, existe un paralelismo fascinante entre la época en que arrancamos la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) 1991-1992 y la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) que tendremos en este 2026: la emergencia de un nuevo orden global. Es decir, un cambio sistémico.
Al arrancar el TLCAN había finalizado la Guerra Fría, el enfrentamiento sordo entre Estados Unidos y la Unión Soviética (1946-1990). Estados Unidos surgía como el indisputable vencedor –la única hiperpotencia militar. Francis Fukuyama, de Stanford, pronosticó el final de la historia. Según él, sobreviviría una sola ideología –la capitalista-liberal–. Optimismo exagerado, entendemos hoy.
Al aproximarse la revisión del T-MEC, en julio de 2026, estamos experimentando el final de la llamada pax americana. Un periodo extraordinario de ocho décadas de gobernanza global sin precedente, que se tradujo en extraordinarios avances de la humanidad entera. Washington, sin embargo, le está dando la espalda a las instituciones que había encabezado, como la ONU, la OTAN y la OMC. Dicho de otra manera, está renunciando a su liderazgo global.
De la unipolaridad que se había vivido, se observa un regreso a un mundo bipolar fragmentado. Los grandes polos son Estados Unidos y China, pero hay más de una decena de países que no se alinean, como India, Turquía, Indonesia y Brasil, entre otros.
La doctrina de seguridad nacional presentada por la Casa Blanca el pasado 25 de noviembre sustituye al orden liberal institucional por una “paz a través de la fuerza” (peace through strength, en inglés) y un regreso a las esferas de influencia. En el segundo apartado del documento, titulado ¿Qué queremos en y del mundo?, se responde: “El objetivo es asegurarse que el hemisferio occidental (América Latina y Canadá) permanezca razonablemente estable y bien gobernado para prevenir (…) migraciones masivas a EU y gobiernos que cooperen con nosotros contra el narcoterrorismo”.
La intervención en Venezuela es el primer ejemplo de esta nueva doctrina. Stephen Miller, el numero dos de la oficina de la Casa Blanca y uno de los más influyentes asesores de Tump, precisó en una entrevista en CNN: “Vivimos en un mundo gobernado por fuerza y poder”.
¿Qué significan las esferas de influencia para México y América latina? ¿Qué hemos aprendido en el primer año de la segunda presidencia?
En palabras del propio mandatario se trata de la doctrina “Donroe”, mezclando Donald y Monroe. Es decir, traer una estrategia de los 1820 a los 2020, basada en la idea de América para los americanos. En su patio trasero, Washington no aceptará más la presencia de otras potencias en actividades estratégicas como infraestructura; un aviso indirecto a China y en menor medida a Rusia.
Al cumplirse el primer año de Trump en la Casa Blanca, podemos observar cuatro lecciones para America Latina de la doctrina Donroe: primero, enfrentarse con la Casa Blanca sale carísimo. Estos son los casos de Nicolás Maduro, de Venezuela, y Gustavo Petro, de Colombia. Segundo, estar en el mismo terreno ideológico y besar el anillo al de la Oficina Oval paga mucho. Javier Milei, de Argentina, y Nayib Bukele, de El Salvador.
Tercero, adelantarse a las peticiones de Trump retribuye. México, en temas de migrantes en tránsito y fentanilo.
Cuarta, es una dosis de realismo por parte de Washington: México y Brasil son casos especiales. Por su tamaño e importancia estratégica reciben un trato diferenciado.
El duelo entre Washington y Brasilia por el disgusto que causó en la Casa Blanca el encierro de Bolsonaro se resolvió de la noche a la mañana. Se dice que Lula y el de la Oficina Oval se cayeron muy bien en la reunión del G20 en Sudáfrica. Sin despreciar la magia en la personalidad de Lula, seguramente Washington estaba inquieto por los coqueteos de Brasil con China y Rusia.
Las 15 llamadas telefónicas entre Sheinbaum y Trump se enmarcan también en un trato especial.
El 2026 será uno de los años mas difíciles y complejos en la historia de la relación bilateral.
¿Cuál debe ser la estrategia de la diplomacia mexicana (embajada más 53 consulados) para salvar el año? Lo dejo para mi próxima entrega.
