Hay revoluciones a las que no les dejan hacer ruido porque se encargan de sofocarlas antes de reconocer su voz profunda y justa. La de las mujeres, la del pueblo iraní, es una de ellas; quizá la más importante que estamos viviendo este siglo. No porque no exista, sino porque incomoda. Porque evidencia demasiadas cobardías, demasiados silencios cómplices y ese feminismo de boquilla, pachanga y chiringo que defiende las bondades del velo y calla frente a las valientes mujeres que, acompañadas por miles de hombres, codo con codo, se juegan la vida por quitárselo. El pueblo iraní, los ciudadanos persas, llevan dos semanas tomando la calle, desafiando al terror aplastante, implacable, en el que viven. En Irán hoy día una...
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