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‘Sinners’, más que vampiros: blues, sangre y resistencia

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En un panorama cinematográfico dominado por secuelas, remakes y universos expandidos, Sinners de Ryan Coogler, aparece como algo decididamente diferente. Logró lo que parecía imposible: convertirse en la primera película original en cruzar los $us 200 millones en taquilla doméstica en EEUU desde Coco en 2017. Con una recaudación mundial que supera los $us 368 millones y un 97% de aprobación crítica en Rotten Tomatoes, la película es más que un fenómeno comercial. Es toda una declaración de principios sobre el poder del cine de autor dentro del sistema de estudios.

Coogler, conocido por revitalizar la franquicia Rocky con Creed y redefinir el cine de superhéroes con Black Panther, regresa con su proyecto más personal y arriesgado. Se trata de una reinterpretación radical del género vampírico ambientada en el Mississippi de 1932. Pero Sinners es mucho más que otra película de vampiros. Es un examen urgente sobre apropiación cultural, jerarquías sociales y el poder de la música como forma de resistencia y supervivencia. Al situar a un vampiro irlandés interpretado por Jack O’Connell en el corazón del Sur segregacionista, Coogler construye un diálogo complejo entre culturas oprimidas y las estructuras de poder que las explotan.

La trama de Sinners

Sinners sigue a los gemelos Stack y Smoke (ambos interpretados por Michael B. Jordan) que regresan a su Mississippi natal durante la Gran Depresión. Su plan es abrir un club nocturno y procurar hacerse ricos. Se proponen crear un espacio donde la música blues pueda florecer, pero sus ambiciones los llevan a un encuentro fatídico con Remmick. Él es un vampiro irlandés ancestral que ha desarrollado una fascinación obsesiva por la música afroamericana. Ahora, en particular, por el talento musical de Sammie, el hermano más talentoso de los gemelos.

La película mezcla elementos de terror gótico con música blues auténtica, creando una atmósfera donde lo sobrenatural y lo histórico se entrelazan. El club nocturno, que inicialmente parece representar esperanza y autodeterminación para la comunidad negra, revela capas más oscuras de control y explotación. La presencia del Ku Klux Klan como propietarios secretos del establecimiento añade otra dimensión de horror a la narrativa. Son niveles que se van sobreponiendo, porque el vampirismo aparece como metáfora de múltiples formas de extracción y dominación.

El recorrido de Ryan Coogler

Ryan Coogler ha construido una carrera notable por su habilidad para trabajar dentro de géneros establecidos mientras inyecta perspectivas frescas y urgentes. Hizo su debut con Fruitvale Station (2013), una crónica devastadora del asesinato de Oscar Grant. Ahí demostró de inicio su compromiso con historias que examinan la experiencia afroamericana con honestidad y complejidad.

Con Creed (2015) y Creed II (2018), revitalizó la franquicia Rocky centrándola en Adonis Creed, el hijo del mítico Apollo Creed. Creó así una saga que dialoga con el legado de la secuela original mientras forja su propia identidad. Black Panther (2018) lo catapultó a la estratosfera del cine blockbuster. Se convirtió en un fenómeno cultural que recaudó más de $us 1,300 millones y recibió múltiples nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película.

Sinners representa un retorno a sus raíces independientes con el presupuesto de un estudio mayor. Es su declaración más audaz: una película de género que funciona simultáneamente como entretenimiento visceral y como comentario social penetrante sobre la historia estadounidense.

Más que una vampiros

Lo que distingue a Sinners de otras películas de vampiros es su rechazo a usar lo sobrenatural como mero espectáculo. Coogler ha sido claro sobre su enfoque: no estaba interesado en crear una alegoría consciente sino en comunicar emociones y verdades a través del lenguaje cinematográfico. Como explicó en entrevistas, si algo es verdadero en la pantalla, las audiencias naturalmente extraerán los paralelos relevantes.

El vampirismo en Sinners opera en múltiples niveles. Es literal: criaturas que drenan sangre y convierten humanos. Pero también es metafórico: representa la apropiación cultural, el capitalismo extractivo, y los sistemas que convierten a las personas y su cultura en mercancías. La película explora cómo diferentes formas de opresión y explotación se entrelazan. Desde el racismo institucionalizado del Sur de Jim Crow hasta la commodificación de la música negra.

Coogler comentó sobre esta dimensión de la película, señalando que “la música representaba algo que no estaba destinado a ser comprado y vendido, sino que era una forma de vida. Convertirla en propiedad refleja cómo las personas fueron convertidas en propiedad en tierras que habían pertenecido a otros”.

Un universo cultural y musical

El tejido cultural de Sinners es extraordinariamente rico. Coogler entrelaza tradiciones de comunidades afroamericanas, chino-americanas, Choctaw e irlandesas ancestrales, todas unidas por legados compartidos de narración oral y preservación cultural. La película referencia a los filí irlandeses antiguos, los guardianes de historia Choctaw y los griots de África Occidental, sugiriendo que estas culturas comparten algo fundamental: el poder de la memoria y la música como actos de resistencia.

La banda sonora es integral a la narrativa, no decorativa. El blues funciona como el lenguaje emocional de la comunidad, expresando ira, dolor y esperanza en un contexto donde expresar estas emociones abiertamente podría resultar fatal. Es, como Coogler ha señalado, “lo que le daba fuerza a las comunidades afroamericanas para seguir viviendo”, y la única manera en que podían expresar rabia sin temor a represalias en el Sur profundo.

Esta dimensión musical atrajo personalmente a Jack O’Connell, quien describió conversaciones con Coogler sobre el intercambio de culturas y costumbres antiguas a través de la música y el lenguaje. O’Connell notó el crisol que existía en el Sur estadounidense, con pueblos africanos, irlandeses, escoceses y europeos trayendo sus tradiciones consigo y creando algo nuevo en el proceso.

Rocky Road to Dublin

La decisión de hacer a Remmick, el vampiro maestro, un irlandés precolonial es uno de los movimientos más inteligentes de Coogler. Como explicó el director, “era importante que el vampiro viniera de un tiempo anterior a las definiciones raciales que existían en Mississippi en 1932”. Coogler notó la conexión entre el desarraigo forzado de africanos de África y el de los irlandeses obligados a trabajar tierras de las que no podían beneficiarse.

La cultura irlandesa, particularmente durante el siglo XIX y principios del XX, no era considerada «blanca» en EEUU, como sí lo eran los protestantes anglosajones. Los católicos irlandeses fueron históricamente agrupados con afroamericanos, compartiendo vecindarios y enfrentando discriminación similar. Aunque nunca equivalente a la brutalidad del racismo antinegro.

Jack O’Connell trajo una comprensión personal profunda al personaje. El actor había tomado clases de baile irlandés desde los seis años y ganó varios trofeos, aunque pocos en su vida adulta conocían este trasfondo. Cuando leyó el guion y vio el requisito del baile folclórico irlandés, sintió que el papel estaba escrito específicamente para él.

Un villano complejo

O’Connell describió a Remmick no como puramente malvado sino como complicado. Coogler constantemente le pedía sinceridad, nunca queriendo inclinarse hacia la monstruosidad sino retratar a un impostor que engaña y se presenta como confiable. O’Connell incluso se inspira en su propio padre, un inmigrante irlandés al Reino Unido que falleció cuando Jack era muy joven. Esto trajo profundidad personal a su interpretación.

Remmick no se identifica con el KKK; más bien, ve la injusticia en el racismo estadounidense y quiere ser parte de lo que sucede en el club nocturno. Ofrece un trato seductivo a todos los presentes: unirse a él en una especie de igualdad vampírica. Pero esta igualdad requiere primero destruirlos violentamente, convirtiéndolos en algo que ya no son. Es una visión inclusiva construida sobre la aniquilación.

El vampirismo se presenta como un pacto fáustico. Se trata de ganar poder, pero sacrificar la capacidad de que el alma alcance el más allá, atrapada eternamente en el cuerpo. Remmick crea una mente colmena donde los vampiros comparten conocimiento y experiencias. Le importan las habilidades y experiencias de Sammie para usarlas como propias, pero no Sammie como persona.

Blues y redención

En el corazón de Sinners está la relación entre Sammie y la música blues. Su talento musical no es simplemente una habilidad sino una conexión espiritual con su comunidad y su historia. La obsesión de Remmick por este talento refleja cómo la música negra ha sido históricamente tomada y explotada comercialmente por foráneos que se benefician económicamente sin reconocer su origen o significado cultural.

Sammie representa la posibilidad de redención en un mundo diseñado para extraer y explotar. Su viaje explora si es posible mantener la integridad artística y espiritual cuando fuerzas poderosas buscan commodificar tu arte. La película sugiere que la música negra tiene un poder que trasciende su comercialización, que mantiene algo sagrado incluso cuando es robada.

Esta dimensión espiritual es crucial. El blues en Sinners no es entretenimiento sino liturgia. Es una forma de mantener viva la humanidad en condiciones deshumanizantes. Cuando Remmick intenta apropiarse de este poder, la película pregunta, ¿puede algo tan profundamente enraizado en una experiencia específica de sufrimiento y resistencia ser verdaderamente poseído por otros?

Recepción crítica y proyección

La recepción de Sinners ha sido extraordinaria. Con un 97% en Rotten Tomatoes basado en 419 críticos y 84 de 100 en Metacritic, indicando «aclamación universal». La película se ha consolidado como una de las mejores del año. El consenso crítico la describe como una fusión electrizante de narración visual magistral y música cautivadora que revela el alcance completo de la imaginación singular de Coogler.

Las audiencias también han respondido masivamente, con un 96% de aprobación en el Popcornmeter verificado de Rotten Tomatoes y una calificación promedio de 4,8 de 5. El debut de $us 63 millones en su fin de semana de apertura mundial fue el mejor para una película original de cualquier género en toda la década de 2020 hasta la fecha.

Internacionalmente, la película fue aclamada en Latinoamérica y Europa, con desempeños notables en Polonia, Australia, Suecia, Países Bajos y Reino Unido. Actualmente figura como la séptima película más exitosa de 2025 en EEUU, en una lista encabezada por Una Película de Micraft y Lilo & Stitch.

El formato IMAX capturó 12.3 millones de dólares en su segundo fin de semana, representando un impresionante 21% de todas las ventas de boletos.

De cara a la temporada de premios, Sinners se perfila como un contendiente serio en múltiples categorías: dirección, actuación (Michael B. Jordan en un papel doble técnicamente deslumbrante, Jack O’Connell como revelación), cinematografía, diseño de producción, sonido y banda sonora original. La película recuerda que el cine de género, cuando está en manos de un visionario, puede ser tan artísticamente ambicioso como cualquier drama que se precie.

Ryan Coogler ha demostrado nuevamente que es uno de los cineastas más importantes de su generación. Alguien capaz de crear entretenimiento visceral que simultáneamente funciona como arte inquebrantable y comentario social urgente. Sinners no es solo una gran película de vampiros; es una película esencial sobre América, su historia de extracción y explotación. Reivindica el poder transformador de la cultura negra para sobrevivir y trascender incluso los intentos más violentos de apropiación y explotación.

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