Los pilotos de motos del
Dakar son de otra pasta. Eso no es nuevo. Pilotan a más de 170 km/h entre miles de peligros en la inmensidad del desierto, y lo hacen dándolo todo a la vez que leen las indicaciones del roadbook. Pero eso no es todo. No deja de sorprender su capacidad de resistir un dolor que a cualquier persona le dejaría tirada en la cama, sufriendo. Y ejemplo de ello es el milagro que está protagonizando el argentino
Luciano Benavides.
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