Era raro.
Florentino Pérez saludó más cariñosamente a
Flick que a
Alonso en esa fila de tortura del final de la
Supercopa. No debió ser fácil para el presidente del
Madrid aguantar ahí, con un Laporta exultante al lado, dando la mano a todo el mundo tras una derrota que lo dejaba sin título.
Florentino no está acostumbrado a situaciones de este tipo. Las inversiones que hace en su empresa acaban normalmente en éxitos. Cuesta entender que invierta 167,5 millones este año y esté en enero a cuatro puntos del
FC Barcelona en
LaLiga y perdida la
Supercopa con un fútbol rácano. Después de haber fichado a
Bellingham por 100 millones y a Mbappé por no se sabe bien cuánto. No le debió gustar tampoco a
Florentino que el mejor del
Madrid,
Vinicius, se fuera del campo cuanto más lo necesitaba el equipo y que el entrenador no lo retuviera en el césped por muy cansado que estuviera.
Florentino no está para derrotas. Y cayó
Xabi Alonso.
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