La otra cara del invierno: seis destinos que saben mejor fuera de temporada
Es el momento para encontrar paisajes sin multitudes y una cultura local que muestra su versión más auténtica
El invierno no siempre es gris ni obliga a esconderse bajo la manta. Hay lugares en España donde enero y febrero se empeñan en parecer junio, donde el sol sigue marcando la agenda y el litoral se convierten en refugio contra el frío. Son destinos de costa con microclima, perfectos para quienes buscan inviernos suaves. Así que mientras media Europa se abriga hasta las orejas, aquí se pasea por la playa con chaqueta ligera, se desayuna frente al mar y se disfruta de ciudades y pueblos sin aglomeraciones. Es también una forma de viajar más consciente: huyendo de la masificación, repartiendo mejor los flujos turísticos y descubriendo la cultura local con calma. Y lo mejor: con un Parador a pie de playa o con vistas al mar. Balcones al horizonte azul desde los que descansar, comer bien y dejar que el invierno se pinte de color de verano.
Amaneceres blancos frente al Mediterráneo en Mojácar, Almería
El sol nunca hiberna en Mojácar. Aquí el invierno es una excusa para pasear por sus casas blancas encaramadas a la montaña y dejarse caer por sus playas tranquilas. Diecisiete kilómetros de costa que en enero parecen reservados sólo para ti. Justo allí, frente a la playa Piedra Villazar se abre el Parador de Mojácar, con arquitectura blanca y terrazas que miran al amanecer. Por eso, desayunar con el Mediterráneo delante convierte un café corriente en un lujo inesperado. Tanto como su cocina marinera —arroz garruchero, gurullos con jibia…— que son identidad pura. Igual que esa luz de Mojácar que atrajo a artistas y bohemios en los años 60, y que sigue inspirando hoy. Un lugar delicioso que invita a dejarse mecer por la calma de sus playas.
Invierno en Málaga: del museo al campo de golf
La Costa del Sol es un clásico del invierno templado. Y Málaga, en concreto, presume de más de 300 días de sol al año y temperaturas que rondan los 15–20 ºC en enero. Pasear por su centro histórico, visitar el Museo Picasso o perderse por el Soho es un plan perfecto para esta época. Igual que alojarse en el Parador de Málaga Golf, que pone el Mediterráneo en bandeja y un campo de golf histórico en la puerta. Y, por supuesto, un espeto de sardinas mirando al mar. Que no está nada mal. Así que plantearse un viaje en estas fechas será una gran ópción. Y más teniendo en cuenta que es la época en la que arranca el carnaval, y después, el Festival de Cine, que convierte las calles en alfombra roja improvisada y en desfile de actores, actrices y cineastas.
Silencio, dunas y lírica frente al atlántico en Mazagón, Huelva
En pleno Parque de Doñana, el Parador de Mazagón se abre directamente a la playa. Territorio célibe a la civilización, aquí el invierno sienta de maravilla y resulta un placer contemplar en silencio, las olas del Atlántico, las dunas y los pinares, con la única compañía de las aves migratorias que hacen parada aquí. Caminar por la arena en esta época, con kilómetros de costa virgen y bandadas de flamencos sobrevolando el horizonte, es un lujo que no aparece en ninguna guía. Además, en febrero, Moguer celebra actividades culturales en torno a Juan Ramón Jiménez, natural de este municipio onubense. Un buen motivo para combinar literatura y mar en la misma escapada. Prosa y lírica pura.
La calma turquesa de la Costa Brava en Aiguablava, Girona
La Costa Brava en invierno es otra cosa. Sin turistas, sin prisas y con el mar golpeando los acantilados. Y, en ese paisaje de calma y escarpado litoral, el Parador de Aiguablava se asoma a una cala de aguas turquesa desde un edificio moderno suspendido sobre el mar que, además de una colección de más de 200 obras de arte, presume de vistas. Por eso aquí el desayuno se convierte en espectáculo, y no sólo por el delicioso café o la tostada de pan tumaca o el surtido de embutidos locales y butifarras, también por la impresionante panorámica. El entorno invita a pasear, y una buena opción es tomar el Camino de Ronda, que serpentea por la costa, y ahora más que nunca se disfruta sin calor y sin multitudes. Y luego, rendirse a un buen plato de cuchara y saborear el mar con una deliciosa sopa de pescado de roca.
Historia, carnaval y relax a pie de mar en la bahía gaditana
La Tacita de Plata nunca decepciona. Y menos en invierno, donde además del carnaval (este año entre el 13 y el 22 de febrero), la ciudad de Cádiz ofrece temperaturas templadas y paseos por La Caleta y por su casco antiguo para disfrutar de su catedral, de sus calles y de sus castillos, como los de Santa Catalina y San Sebastián. Cádiz presume de tener más torres miradores que ninguna otra ciudad española, en torno a unas 130, como la Torre Tavira, un recuerdo de su época dorada con el comercio de Indias en el siglo XVIII. Y también presume de su emblemático Parador de Cádiz, moderno y abierto al mar, desde el que brillan más las puestas de sol. Un oasis a pie de mar que ofrece buena gastronomía local y un spa para revitalizar cuerpo y mente y que la desconexión sea total. Una escapada de bienestar y chirigota. De pescaíto y marisco. De historia y arte moderno… Un viaje completo y recomendable.
Arroz y mar en el clima idílico de Jávea, Alicante
El Mediterráneo más amable se encuentra aquí, en Jávea, con temperaturas entre 15 y 20 grados. De hecho, su clima fue considerado por la OMS como uno de los más saludables del mundo, gracias al equilibrio de humedad y temperatura. Así que no hay excusas para disfrutarlo todo. Su casco antiguo, la fortaleza de San Bartolomé, el Mercado de Abastos y, por supuesto, sus playas, que aunque no inviten a un baño siempre se prestan a un reparador paseo que abra el apetito. Así que cuando llega el momento de sentarse a la mesa, mejor un buen arroz, como el que preparan en el Parador de Jávea, emblemático alojamiento de la Costa Blanca, emplazado en plena orilla de mar, junto a la Playa del Arenal. Y eso se nota en su ambiente, puramente marinero y asomado al inmenso azul y al bonito palmeral desde sus amplios ventanales. Mediterráneo 100%.
