De inseparables a desconocidos: por qué el tiempo también desgasta las amistades
Cambios vitales, falta de tiempo y una forma distinta de relacionarnos explican por qué, al crecer, algunos amigos dejan de reconocerse entre sí
La cultura de quedar para ponerse al día con amigos: por qué ya no compartimos la vida, nos la resumimos
“Ya no reconozco a mis viejos amigos”. La frase suena a reproche, pero también a constatación. Con el paso de los años, muchas amistades se transforman, se enfrían o simplemente se diluyen sin conflicto aparente. No hay discusión final ni portazo: solo silencio, agendas llenas y la sensación de que algo que parecía inquebrantable ya no lo es.
A diferencia de la familia o la pareja, la amistad carece de contratos, rituales o normas claras. Como recuerda la filósofa Marina Garcés en La pasión de los extraños, es uno de los pocos vínculos sociales sin institución que lo respalde, lo que la hace más libre, pero también más frágil. Nadie “está obligado” a sostenerla cuando la vida cambia.
Los estudios sociológicos muestran que muchas amistades nacen de contextos compartidos: el colegio, la universidad, el trabajo, el deporte. Cuando ese escenario desaparece, el vínculo necesita algo más que costumbre para sobrevivir. Según el psicólogo Robin Dunbar, conocido por el Número de Dunbar , nuestra capacidad real para mantener relaciones significativas es limitada, y se reduce aún más con la edad y las responsabilidades
Cuando crecer también separa
El problema no es solo la falta de tiempo, sino el cambio personal. Las amistades funcionan muchas veces como espejos de lo que fuimos. Volver a ver a ciertos amigos puede implicar reencontrarse con una versión propia que ya no encaja. El escritor Jacobo Bergareche lo define como “mudar de piel”: cuando uno cambia y el otro no, aparece la incomodidad.
Este fenómeno se da especialmente en las amistades masculinas, tradicionalmente más ligadas a actividades que a la expresión emocional. Proyectos como Broders, impulsado por el filósofo y sociólogo Lionel S. Delgado, señalan que muchos hombres carecen de herramientas para sostener vínculos cuando desaparece el hobby o el contexto que los unía
La ciencia también apunta a que la amistad adulta exige intención. Un estudio publicado en Current Opinion in Psychology subraya que, sin contacto regular y cuidado activo, los lazos tienden a debilitarse, incluso cuando existe afecto
No todas las amistades están destinadas a durar toda la vida, y eso no las invalida. Algunas cumplen su función en una etapa concreta y luego se apagan. Como escribió Nietzsche, los amigos son barcos que coinciden un tiempo en el mismo puerto antes de seguir rumbos distintos. A veces no hay traición ni culpa: solo cambio.
