Reino Unido teme que agentes chinos de paisano se infiltren en la protesta contra la superembajada en Londres
Cientos de personas se concentraron este sábado frente al complejo de Royal Mint Court, en el este de Londres, para protestar contra el proyecto de la nueva súper embajada china, un plan urbanístico y diplomático que ha generado tensiones políticas, preocupaciones de seguridad y un creciente rechazo vecinal.
La manifestación, que reunió a unas 500 personas, estuvo marcada por un elemento inesperado: el temor a que agentes chinos de paisano se mezclaran entre los asistentes.
El Gobierno de Starmer sopesa aprobar el proyecto pese a las alertas de seguridad y a las críticas de activistas y vecinos
El proyecto, que el Gobierno británico estudia aprobar de forma inminente, convertiría el histórico recinto de la antigua Casa de la Moneda Real en la que sería la embajada china más grande de Europa, situada a escasos metros de zonas financieras sensibles y de infraestructuras críticas de comunicación, incluidos cables de fibra óptica que transportan datos de millones de usuarios.
Diversos grupos prodemocracia y organizaciones críticas con el Gobierno chino alertaron de la posible presencia de personal de seguridad chino vestido de civil en los alrededores de la protesta. Activistas de la Alianza Interparlamentaria sobre China aseguraron que ya se han detectado intentos de vigilancia en la zona y pidieron a la prensa y a los manifestantes extremar precauciones.
Mientras tanto, el Ejecutivo de Keir Starmer se muestra dispuesto a dar luz verde al proyecto pese a las objeciones de colectivos ciudadanos y a las advertencias de expertos en seguridad, que temen que la ubicación pueda facilitar actividades de inteligencia o aumentar la vulnerabilidad de las comunicaciones estratégicas del país.
La policía londinense desplegó unidades antidisturbios para garantizar la seguridad de la protesta, que transcurrió sin incidentes graves. Entre los asistentes se encontraban representantes de la oposición conservadora, que acusan al Gobierno de “subestimar los riesgos” y de ignorar las preocupaciones de los servicios de inteligencia, aunque ni el MI5 ni el MI6 han presentado objeciones formales al proyecto.
La decisión final sobre la superembajada, que lleva meses aplazada, podría anunciarse en los próximos días, en un momento especialmente delicado para las relaciones entre Londres y Pekín.
