Yo les hablo a mis muertos. Todas las noches, antes de dormir, les hablo con la certeza de que me escuchan, como si estuvieran vivos, tendidos a mi lado. No soy una persona religiosa, no creo que después de la muerte hay un cielo, un purgatorio y un infierno como me educaron cuando era niño, no creo en unos dioses severos que me juzgarán tan pronto como deje de respirar, no creo que los virtuosos serán recompensados y los impíos, castigados. Sin embargo, creo que mis muertos, liberados del cautiverio a que sus cuerpos los sometían, siguen vivos en otra dimensión, en un territorio elevado e invisible, flotando sus almas eternas entre las nubes translúcidas. A quien más extraño entre...
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