A la hora que escribía el artículo del lunes pasado, a la redacción llegaba el mensaje del accidente de un tren en Córdoba. Desgraciadamente, al cabo de las horas, sus consecuencias fueron mucho más graves de lo que imaginábamos, habituados ya a los problemas de la línea ferroviaria Madrid-Andalucía. El lobo llegó y, escuchados los audios entre el maquinista del Iryo y la central de Atocha, nadie se creyó a Pedro de primeras. Poco después, y a medida que íbamos conociendo más detalles del suceso, alcanzamos a entender la magnitud de la macabra broma del destino que se decide en 10 ó 20 segundos y los medios de comunicación, en su función de servidores públicos, se activaron con presteza pese...
Ver Más