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ansi Flick puede ser la gran palanca que el 15 de marzo le de la victoria a
Jan Laporta para continuar como presidente del Barça. Si sigue líder en la Liga, si está posicionado en Europa y si el equipo se sitúa en modo campeón, las posibilidades de la victoria son elevadas. Los contrincantes, hasta ahora, no aciertan en hacer llegar a los socios electores una alternativa que entusiasme. Las emociones son más potentes que las realidades en el mundo del fútbol. El filósofo
Pascal dijo hace cuatro siglos que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Pero queda un mes y medio de campaña y los imponderables son inevitables. La gran tormenta que se abatió sobre el
Spotify Camp Nou en los últimos diez minutos del choque contra el Oviedo puede ser interpretada como la metáfora de una gran chapuza. Los chorros de agua expulsando al personal de sus asientos, los periodistas retransmitiendo el chaparrón que les caía encima más que la victoria rematada por la semi chilena de Lamine, los obreros despedidos y mal pagados por haberse quejado de las condiciones en las que trabajaban, el incumplimiento de los plazos de entrega de la empresa constructora turca, los muchos despidos de ejecutivos cualificados… indican una pésima gestión del mandato que acaba. Un presidente aguantando la furia de la tempestad empapándose hasta los tuétanos, sin paraguas, no oculta la falta de transparencia en la construcción de un estadio que no estará terminado en una fecha imprecisa de 2027. Otro imponderable sería un posicionamiento de
Leo Messi. O que las lluvias cayeran con rabia sobre Barcelona mientras el equipo esté jugando. Mañana
Flick se mide con el Copenhague. El
Meteosat no anuncia lluvias torrenciales.
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