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¿Otra vez sin ministra?

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En el desfile de ministros y ministras entrantes, la prensa ha destacado a Judith Marín, una mujer con trayectoria en organizaciones religiosas y como asesora parlamentaria. Desde marzo (2026), ella encabezará el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género.

Marín no es la primera ministra de la Mujer en ser cuestionada en su rol. Las exministras que fueron nombradas en los gobiernos de Sebastián Piñera tampoco eran expertas ni tenían trayectoria en temas de género. Hemos de recordar que, efectivamente, este es tanto un campo de estudio como uno de acción en las políticas públicas: desde los estudios de la mujer, luego estudios de las mujeres, estudios de género, estudios feministas y estudios queer por una parte, y las distintas generaciones de derechos de las mujeres aplicados a las políticas públicas, que son discutidos a nivel internacional y nacional. En ese sentido, se debe comprender el alcance y las proyecciones de las políticas diseñadas específicamente para este segmento de la población, que no son meras diferenciaciones estadísticas, sino un diseño que se corresponde con las democracias occidentales, las cuales parten de la base de que incluso hoy el mundo se vive de manera muy distinta si eres hombre, mujer, persona de género no normativo, vives en la ruralidad o en la ciudad, perteneces a un pueblo originario, eres parte de una familia diversa, entre otros.

Recordemos algunas figuras políticas que han ocupado el cargo en los gobiernos de derecha. Piñera nombró a Mónica Zalaquett, cuya experiencia e interés laboral está en el ámbito del turismo. También a Carolina Schmidt, quien anteriormente fue ministra del Medio Ambiente, de profesión ingeniera comercial y que se desempeña como empresaria. Macarena Santelices ―exalcaldesa de Olmué― también tuvo un brevísimo paso por un ministerio para el que evidentemente no tenía el conocimiento técnico ni el peso político, además de ser defensora de la dictadura de Pinochet.

Por cierto, la ministra Isabel Plá ―a quien el movimiento feminista chileno bautizó como la “no-ministra”renunció en 2020, días después de la marcha más multitudinaria del 8 de marzo que se tenga registro, donde miles de mujeres se movilizaron en Santiago y otras ciudades del país. Al menos, Isabel Plá no pone en duda la existencia de la cartera, cuestión que no se puede decir acerca de la ministra entrante. Marín ha esbozado que el Ministerio de la Mujer se puede fusionar, lo que evidencia el desconocimiento de lo que hace la institucionalidad de género en el país y el expreso mandato legal que debe continuar realizando.

Al parecer, para la derecha, no es requisito conocer o tener experiencia específica en las materias propias del Ministerio de la Mujer. ¿Nombrarían ministra de Economía a quien no tuviera conocimiento específico sobre economía? Se percibe así un desprecio e incomprensión de la institucionalidad de género en el país.

Las organizaciones de mujeres y feministas ya están reaccionando frente al nombramiento de Marín, del cual teníamos como antecedente ―a través de información pública― que había sido postulada por el Partido Social Cristiano (PSC) en las negociaciones internas de los partidos del bloque político vencedor de las últimas elecciones. Hay dudas, naturalmente, pues se propone a una persona que ha trabajado activamente en contra de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual.

Su experiencia política se remonta a su época universitaria en la Universidad de Santiago, donde presidió el movimiento “Águilas de Jesús” y estudió Pedagogía en Castellano. Se desprende de sus discursos una visión fundamentalista religiosa sobre materias de política pública, como la ampliación de derechos reproductivos, y sus evidentes prejuicios acerca de la diversidad sexual y de género. Fue, además, asesora parlamentaria del diputado Eduardo Durán (RN) quien se ha destacado en el Congreso por votar en contra u omitirse en debates trascendentales en materia de derechos sexuales y reproductivos, igualdad de género y protección frente a la violencia hacia las mujeres, reforzando así el cariz ideológico que pretende imponer ese sector político, que se potencia con el activismo evangélico.

Por último, ha sido gestora de intereses de la Corporación Confamilia, entidad que en su Facebook se declara “100% evangélica” y que ha solicitado al menos quince audiencias vía Ley de Lobby entre 2019 y 2022. Marín participó de al menos una de ellas, mientras era asesora del diputado Eduardo Durán[1], lo que es contrario a la normativa de asignaciones parlamentarias.

Es preciso recordar que cada persona puede mantener una espiritualidad, practicar una religión o culto. Es un derecho humano. Lo que es altamente cuestionable es que quienes ocupan cargos públicos impongan sus visiones morales y religiosas en el debate, haciendo uso de esa posición de poder para vulnerar el Estado laico. La desconfianza del movimiento feminista frente a la trayectoria pública de Judith Marín es atendible, dados los desafíos que tiene actualmente el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, como la profundización de la defensa contra la violencia o la supervisión del reglamento de interrupción del embarazo en tres causales. Los derechos de las mujeres y las diversidades sexogenéricas son derechos humanos, y exigen un alto compromiso ético, político y público.

[1] https://www.camara.cl/transparencia/personalapoyogral.aspx?utm_source















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