Mientras el presidente de la
FIFA, Gianni
Infantino, y el presidente estadounidense,
Donald Trump, prometen que el
Mundial 2026 será una fiesta, la sombra del
boicot se alarga sobre la sede de EE.UU. En Europa, el rechazo crece impulsado por la agresiva política migratoria de Washington, mientras que dentro de Estados Unidos sectores del Partido Demócrata tachan de hipócrita la organización de un evento global en un clima de creciente hostilidad.
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