Los cuatro días que ha pasado el primer ministro británico en China le han llevado a declarar que el Reino Unido debe acercarse más al mercado interior europeo. Sir Keir Starmer ha seguido los pasos del canadiense Mark Carney , y de varios dirigentes europeos, y ha peregrinado a Pekín para lanzar la advertencia a un Washington disruptor de que puede estrechar relaciones con la superpotencia asiática. Pero es una táctica sin mucho recorrido: la pesadilla trumpista terminará antes que la distopía china. Los líderes occidentales tienen que frenar la ambición global de Pekín en vez de facilitarla. Xi Jinping , que acaba de purgar al jefe de las fuerzas armadas y posible rival, considera que el modelo chino de...
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