Cuando ETA asesinó a uno de los suyos por evitar una matanza de guardias civiles y sus familias
A Mikel Solaun le persiguieron sus antiguos compañeros de ETA hasta dar con él y causarle la muerte delante de su mujer e hijos. Su “culpa”: haber evitado una auténtica masacre en unas instalaciones de la Guardia Civil de Algorta, en Vizcaya, donde los terroristas habían escondido una potente bomba que haría explosión el día de su inauguración. Solaun, ingeniero, había participado en la ejecución de las obras, cedió a las presiones de ETA, organización que ya había abandonado, pero cuando se dio cuenta de la matanza que iba a ocurrir dio aviso e incluso detalló el lugar en el que estaba el artefacto, en un falso techo. Mañana se cumplen 42 años de su asesinato, el 4 de febrero de 1984, en Guecho (Vizcaya).
Solaun, ingeniero industrial, había pertenecido a ETA en la década de los sesenta, militancia por la que fue encarcelado en la prisión de Basauri, de donde logró fugarse en 1970. Pasó a Francia y permaneció en el país vecino hasta que se aprobó la amnistía de 1977. Regresó a casa, ya desvinculado de ETA, para dedicarse a su familia y a su trabajo.
En 1981, la organización terrorista se dirigió a él para que permitiera colocar explosivos en un edificio en construcción, cuyas obras dirigía. El edificio, que iba a ser destinado a viviendas de la Guardia Civil. Bajo presiones, Solaun cedió y permitió que los etarras ocultaran un potente explosivo en el edificio para hacerlo estallar el 13 de marzo de 1981, fecha prevista para la inauguración, a la que iban a asistir diversas autoridades, además de los miembros de la Guardia Civil.
El ingeniero sabía que si se consumaba el atentado se produciría una masacre, por lo que dio un aviso telefónico y comunicó la existencia de los explosivos, que estaban ocultos en un falso techo. Las inspecciones realizadas a partir del aviso no permitieron a la Guardia Civil localizar las bombas, por lo que el propio Mikel indicó con exactitud dónde se encontraban los explosivos, que pudieron ser neutralizados a tiempo.
Pese a su colaboración, fue detenido y acusado de colaboración con ETA. Los tribunales le condenaron a 4 años de prisión.. Encarcelado en la prisión de Soria, miembros de ETA militar le dieron una paliza por considerarlo un “traidor” y tuvo que ser protegido por otros presos pertenecientes a la rama político-militar.
Al cabo de trece meses, el juez adelantó su puesta en libertad por las circunstancias que concurrían en Solaun y por considerar que su vida corría peligro en prisión. Desde entonces pasó a vivir semioculto por motivos de seguridad, mientras buscaba un trabajo fuera del País Vasco que le permitiera escapar de la amenaza que pendía sobre él. A mediodía del 4 de febrero de 1984, Mikel Solaun, acompañado de su esposa y de sus dos hijas, salió a tomar una consumición en un bar de Algorta. Dos miembros de ETA lo localizaron en el local y le dispararon con sus pistolas causándole la muerte en presencia de su familia.
Los terroristas que acabaron con la vida de Mikel Solaun, Juan Manuel Píriz López y Juan Manuel González Merino, fueron detenidos ese mismo año. Por el asesinato de Mikel Solaun fueron condenados a 27 años de prisión y al pago de 10
millones de pesetas en concepto de indemnización a los herederos de la víctima. (Con información de Vidas Rotas).
