Tras más de cuatro décadas como corresponsal en Oriente Próximo, Thomas Friedman aprendió que los extremistas solo tienen una cosa buena: no saben cuándo parar. Por su inercia destructiva, acaban yendo demasiado lejos y precipitando su caída. En EE.UU., el trumpismo no ha llegado todavía a ese punto y final. Sin resistencia significativa hasta ahora en las calles, la élite económica, el Congreso federal o dentro de su propio partido, la única línea de defensa contra el terror de Trump es el poder judicial. Un puñado de magistrados federales, y algunos periodistas, son el único obstáculo frente a la 'blitzkrieg' contra el sistema de controles y contrapesos que ha regido EE.UU. durante casi dos siglos y medio. Sus decisiones en...
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