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Por qué Hellen Keller dijo: “Todo tiene sus maravillas, incluso en la oscuridad y el silencio, se aprende…”

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Hay frases que sobreviven al paso del tiempo porque no ofrecen respuestas rápidas, sino una manera distinta de mirar la realidad. Las palabras de Helen Keller sobre la oscuridad y el silencio pertenecen a esa categoría: no prometen que todo será fácil, pero sí que todo puede ser significativo. Para entender por qué Keller llegó a formular esa idea, es necesario mirar más allá de la cita y adentrarse en el contexto vital e intelectual desde el que fue escrita.

Una vida marcada por la privación… y por el descubrimiento

Helen Keller nació en 1880 en Alabama y perdió la vista y el oído antes de cumplir los dos años, a causa de una enfermedad que los médicos nunca lograron identificar con certeza. Durante su primera infancia, el mundo fue para ella un espacio caótico y cerrado, sin lenguaje ni referencias claras. No fue hasta la llegada de Anne Sullivan, su maestra y acompañante durante décadas, cuando comenzó un proceso de aprendizaje que transformaría por completo su vida.

Aprender a comunicarse sin ver ni oír supuso para Keller un esfuerzo extremo, pero también una revelación. El lenguaje no solo le permitió relacionarse con los demás, sino comprender su propia experiencia interior. A partir de ese momento, su vida estuvo marcada por una intensa actividad intelectual: estudió en Radcliffe College, escribió libros y ensayos, ofreció conferencias y se implicó en causas sociales como el sufragio femenino, los derechos laborales y la educación de personas con discapacidad.

La frase sobre la oscuridad y el silencio no surge, por tanto, de una resignación pasiva, sino de una vida dedicada a pensar, analizar y reinterpretar la experiencia humana.

Qué quería decir realmente con “oscuridad y silencio”

Cuando Keller habla de oscuridad y silencio, no se limita a describir su discapacidad sensorial. En sus textos, estos términos funcionan también como metáforas de cualquier situación de pérdida, incertidumbre o aislamiento. Para ella, la oscuridad no era solo la ausencia de luz, sino los momentos en los que el sentido parece desaparecer; el silencio no era solo falta de sonido, sino esos periodos en los que la vida deja de ofrecer respuestas claras.

Su afirmación de que “todo tiene sus maravillas” no implica negar el dolor, sino rechazar la idea de que el sufrimiento sea estéril. Keller defendía que incluso las circunstancias más limitantes pueden convertirse en espacios de aprendizaje si se afrontan con atención y apertura. La maravilla, en su pensamiento, no es algo espectacular, sino una comprensión profunda que surge cuando se acepta la realidad tal como es.

Una parte clave de la cita es la idea de “aprender” a estar contenta, independientemente del estado en el que uno se encuentre. Keller no plantea el contentamiento como algo automático, sino como una práctica consciente. Aprender a estar en paz con una situación no significa celebrarla ni idealizarla, sino dejar de luchar contra aquello que no se puede cambiar para enfocar la energía en lo que sí está al alcance.

Esta visión conecta con corrientes filosóficas como el estoicismo, que Keller conocía bien, y con ideas que hoy asociamos a la psicología moderna: la aceptación, la resiliencia y la capacidad de encontrar sentido incluso en contextos adversos.

Por qué esta frase sigue resonando hoy

En una época marcada por la hiperconectividad, el ruido constante y la presión por mostrar felicidad permanente, las palabras de Keller resultan especialmente incómodas y, por eso mismo, necesarias. Hablan de silencio en un mundo que lo teme y de oscuridad en una cultura obsesionada con la visibilidad.

Su mensaje invita a reconsiderar la idea de bienestar: no como ausencia de problemas, sino como la capacidad de convivir con ellos sin perder la curiosidad por la vida. En tiempos de crisis personales, sociales o emocionales, la propuesta de Keller no es huir de la dificultad, sino mirarla con atención para descubrir qué puede enseñarnos.

Helen Keller no dijo esas palabras para inspirar titulares ni para suavizar el dolor ajeno. Las escribió como resultado de una vida en la que cada pequeño avance fue una conquista y cada límite, una oportunidad para pensar más profundamente. Por eso su cita no ofrece soluciones rápidas, pero sí algo más duradero: una forma honesta de habitar el mundo, incluso cuando parece oscuro o silencioso.















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