Vivir en alerta
Hay personas que ya no recuerdan la última vez que se levantaron sin miedo. No miedo a una catástrofe concreta, sino ese otro, más sordo y persistente, que se instala en el pecho cuando la nómina no alcanza, cuando el alquiler sube, cuando la luz vuelve a encenderse, cuando la enfermedad aparece y el margen económico es inexistente.
