La dana nos enseñó muchas cosas. La más importante de todas es que la naturaleza es invencible. Es absurdo enfrentarse a ella. Cuando el agua toma su cauce, las personas somos muñecos de trapo en sus manos. Por eso durante el diluvio andaluz el comportamiento de los desalojados está siendo ejemplar. Aguantar la riada no tiene sentido. Lo único que se puede hacer es huir de ella. Y ver la diligencia y resignación con que los vecinos de Grazalema dejaban sus casas el pasado jueves sobrecoge. Porque no sólo abandonaban sus bienes, sobre todo renunciaban a su raíz. No hay peor exilio que el que exige la tempestad. Pero de la catástrofe de Valencia también aprendimos a prevenir. No sólo...
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