Descubriendo la taberna sevillana donde cada guiso invita a rebañar
Un rincón con historia y sabor profundo
En la calle Arahal de Alcalá de Guadaíra se encuentra una taberna que resume décadas de tradición culinaria andaluza. Fundada en 1954 por Manuel Cubero Romero y María del Águila Ordóñez Muñoz, comenzó como una bodega de vinos y pronto se ganó el apodo por sus caracoles, plato estrella que, junto a otros guisos, sigue marcando la identidad del local.
El nombre del establecimiento no es casualidad: los caracoles que se servían, guisados con esmero por María del Águila, crearon un vínculo afectivo con el público local que perdura hasta hoy. Esta forma de concebir la cocina, basada en la materia prima y el respeto por la tradición, es el eje de su propuesta gastronómica.
Ambiente tradicional con un toque contemporáneo
El espacio no solo ofrece platos, sino también productos de alta calidad. Jamones ibéricos dominan la abacería y se exhiben junto a conservas, aceite de oliva virgen extra y carnes selectas. La decoración, sencilla y sin estridencias, invita a centrarse en lo esencial: la comida y la conversación.
La carta no se encuentra en formato convencional. Sobre una pizarra, con tiza, se despliegan los guisos del día y sus precios. Esta forma de presentar la oferta refuerza el carácter auténtico del lugar: lo que se ve es lo que se come.
Una docena de guisos que cuentan historias
Los guisos que se sirven aquí evocan sabores antiguos con técnicas que no han cambiado demasiado con el paso del tiempo. Platos como la carrillada de cerdo ibérico confitada, la carne de jabalí en tomate cocida a fuego lento o las albóndigas de ciervo con tropezones de jamón se cuentan entre los favoritos de quienes buscan una experiencia plenamente tradicional.
Casi todos los guisos contienen un toque de jamón ibérico, un sello distintivo de la casa que aporta profundidad y umami a cada cucharada. La pringá para desayunar, los riñones al Jerez o la sangre encebollada son ejemplos de ese recetario que parece salirse de la época contemporánea para conectarse con raíces profundas de la cocina andaluza.
Familia, técnica y producto como pilares
Manuel Cubero, al frente del lugar junto a sus hijos, explica que la clave de sus guisos reside en limpieza y calidad del producto. Cada receta se basa en una materia prima escogida y en la mano experimentada de cocineros como Sara Hernández, encargada de preparar muchas de las cacerolas que llenan de aroma la taberna cada fin de semana.
La tradición familiar se evidencia en cada detalle: la selección de carnes de caza, los vinos que se utilizan para añadir complejidad a los guisos, o la elección de panes de una panadería local para rebañar lo que queda en la cazuela. Nada queda al azar, y nada sobra en el plato.
Más allá de los guisos: una propuesta integral
Aunque los guisos sean el gran atractivo, la propuesta de esta taberna va más allá. La posibilidad de comprar productos selectos como jamones o carne ibérica para llevar a casa convierte al establecimiento en una abacería con solera. Además, los postres tradicionales como piononos de Arahal o las tortas de Alcalá completan la experiencia culinaria sin abandonar la autenticidad.
Los precios, pensados para ser accesibles sin sacrificar calidad, hacen que este lugar sea un destino atractivo tanto para vecinos como para amantes de la cocina tradicional dispuestos a desplazarse desde Sevilla y sus alrededores.
Un clásico en el camino del buen comer
En un contexto donde muchas propuestas gastronómicas buscan innovar a toda costa, esta taberna recuerda que la base de una cocina memorable puede estar en el respeto por las técnicas ancestrales y en la devoción por lo bien hecho. Sus guisos, longevos en sabor y esencia, son prueba de que la cocina tradicional andaluza sigue teniendo un lugar privilegiado en el paladar contemporáneo.
Una visita aquí no es solo comer bien: es conectarse con una historia que se cocina a fuego lento, en cazuelas de fondo grueso y con paciencia infinita.
