De barro hasta las rodillas
Me he atrincherado en casa a la espera de que Marta o Nils o quien sea nos cubra con cielos empedrados y empiecen a caer chuzos de punta y se desborden los ríos en este triste secarral. Yo recuerdo aquellos días en que las borrascas eran anónimas, los del tiempo no decían “metereología” ni dedicaban los minutos del parte a dar una masterclass, y la gente lo apostaba todo al refranero popular que aseguraba: “cuando las nubes van hacia el mar, coge los bueyes y ponte a arar”.
