Dormir mal nos hace comer peor y perjudica seriamente la salud
Mucha gente piensa que si duerme mal solo va a estar más cansado al día siguiente pero en realidad hay mucho más detrás de un descanso inadecuado, ya que también altera los mecanismos que regulan el apetito y no sólo eso, sino también en los alimentos que elegimos y esto tiene un impacto directo en la salud metabólica. La falta de un sueño de calidad influye en hormonas clave como son la leptina y la grelina, responsables de las señales de hambre y saciedad, favoreciendo la ingesta de alimentos más calóricos y ultraprocesados. Y además a esto le debemos de sumar que dormir poco se asocia con un peor manejo del índice glucémico , riesgo cardiovascular y un aumento de la inflamación. ¿Qué pasa si dormimos poco? Cuando el descanso es insuficiente o de mala calidad, nuestro organismo entra en modo de compensación energética. Esto se traduce a nivel hormonal como una disminución en la producción de leptina (hormona que nos avisa de que estamos saciados y un aumento de la grelina que pone en modo «ON» a nuestro apetito. El resultado te lo puedes imaginar: una sensación intensa de hambre que a veces incluso después de comer no es suficiente. No solo aumenta la sensación de hambre, sino también de lo que nos apetece comer. De manera que dormir poco, nos lleva a comer más ricos en azúcares, grasas y sal. Nuestro cerebro, al no haber descansado toma peores decisiones. Por eso, después de una noche en vela habrás notado que parece que tienes más hambre y que no se calma con un plátano, sino que tendemos más a picotear . Además la falta de sueño no solo se relaciona con lo que comemos, sino que influye en cómo metabolizamos los nutrientes. Según numerosos estudios, un mal descanso se asocia con una peor sensibilidad a la insulina. Esto nos lleva a que la glucosa no sea utilizada adecuadamente por las células y favorece su almacenamiento en forma de grasa. También aumenta la inflamación de bajo grado y con el tiempo puede llevar a favorecer un aumento de peso, diabetes y elevar el riesgo cardiovascular. Y si a esto, le sumamos que el cansancio nos lleva a realizar una menor actividad física, cerramos el círculo en el que el cuerpo gasta menos energía y gestiona peor lo que comemos. El equilibrio hormonal también se ve alterado, ya que los niveles de cortisol (hormona del estrés) se elevan y esto de manera persistente se asocia a una peor respuesta metabólica. Así que un buen descanso es una de las bases primordiales para gozar de una buena salud. Por todo esto, debemos dar más importancia a cómo descansamos y entender que puede convertirse en una herramienta para regular el apetito, cuidar la salud metabólica y proteger nuestra salud a largo plazo. No se trata solo de dormir las horas adecuadas, sino de promover un descanso de calidad.