Desechado el debate y sustituido por la bronca como elemento sustancial del muro trazado y erigido por La Moncloa, el pleno dedicado este miércoles por el Congreso al accidente ferroviario de Adamuz apenas sirvió para confirmar el papel de la Cámara Baja, ya si apenas tareas legislativas, como mero altavoz del ruido , poco edificante para una sociedad que se ve reflejada en sus representantes parlamentarias. Queda del debate de Adamuz, al menos, el esbozo del plan del Gobierno para quitarse de encima la responsabilidad que con su doble vara de medir ha exigido a los gobiernos populares tras cualquier tragedia, ya fuera pandémica (Madrid) o meteorológica (Comunidad Valenciana), y también la falta del rigor del jefe del Ejecutivo al achacar a la fatalidad y la falibilidad de los protocolos la muerte de las víctimas del Alvia y el Iryo. Óscar Puente puede estar tranquilo: cuenta con el apoyo inquebrantable de Pedro Sánchez y con la garantía de que La Moncloa va a protegerlo en cualquier instrucción penal.