Las cosas que sí o sí debes lavar siempre con agua caliente para eliminar bacterias y malos olores
El lavado en frío tiene muy buena prensa: gasta menos, cuida los colores y alarga la vida de la ropa. Y, para la colada rutinaria, suele ser suficiente. El problema aparece cuando en el tambor entran tejidos que han vivido en ambientes húmedos, han estado pegados a la piel durante horas o se han usado para limpiar superficies. Ahí, la higiene deja de ser un detalle y el agua caliente se convierte en una herramienta útil: ayuda a reducir la carga microbiana y, de paso, ataca el origen de muchos malos olores.
El baño: la fábrica silenciosa de humedad
Pocas cosas parecen tan inocentes como una toalla. Te secas limpio y piensas que la tela no puede estar muy mal. Sin embargo, una toalla recoge restos de sudor, piel y microorganismos... y luego se queda húmeda, que es justo lo que más favorece el crecimiento microbiano y el olor a rancio. Con las alfombrillas ocurre algo parecido: viven pegados al suelo, reciben pisadas, salpicaduras y humedad constante.
Aquí el agua caliente funciona por una razón sencilla: corta el ciclo de humedad + uso repetido. Si la etiqueta lo permite, un lavado alto (en torno a 60 C o programa higienizante) suele ser la opción más sensata.
La cama no está tan limpia como creemos
Sábanas y fundas de almohada acumulan más de lo que parece: sudor, grasa, saliva, células. No hace falta dramatizar, pero sí asumir que el tejido va guardando vida noche tras noche. Un lavado más caliente ayuda a mantener esa acumulación a raya, especialmente si hay sudoración, alergias o si se comparte cama.
Los expertos señalan el lavado por encima de 60 C como referencia efectiva, y a la vez advierten de que ciertos tejidos no lo toleran.
Ropa interior
La ropa interior y los calcetines están en contacto estrecho con el cuerpo durante horas. Es normal que acumulen bacterias y olor, y por eso son de las prendas donde más sentido tiene subir temperatura cuando el tejido lo permite.
La cocina
Si hay un punto caliente en la higiene del hogar, es la cocina. Los paños y bayetas pasan de manos a encimeras, de encimeras a vajilla, y vuelta a empezar. En este caso, no basta con enjuagar y colgar: lavar en caliente y lavar a menudo suele ser más importante y eficaz.
Ropa de deporte
La ropa deportiva engaña: evacua el sudor, sí, pero también puede atrapar el olor si se queda horas húmeda en una mochila o si se lava siempre suave. Cuando el tejido lo aguanta, un lavado más caliente ayuda. Cuando no lo aguanta (muchas prendas llevan elastano), el truco es otro: ventilar enseguida, no dejarla apelmazada y secarla bien.
Mascotas: mantas y camas
Las mantas, fundas y camas de mascota concentran pelo, grasa y lo que traigan de la calle (o del arenero). Aunque el animal esté cuidado, el textil acumula olor con facilidad y lo reparte por la casa. Si el material lo permite, el agua caliente ayuda a evitar ese olor persistente que vuelve al poco de lavar.
