Eduardo Chillida, sueños, escultura y dibujos con mucha mano izquierda
La atracción de Eduardo Chillida por lo desconocido era incluso corpórea. El artista (Donostia, 1924-2002) aseguraba darle más valor al conocer que al conocimiento. Por ello, a pesar de ser diestro, quiso huir de la precisión de su mano derecha y comenzó a dibujar con la contraria. Fue en el Círculo de Bellas Artes de Madrid cuando, recuerda su hijo, Luis Chillida, «se dio cuenta de que su mano derecha era demasiado ágil. Empezó a pensar que la mano no podía ser lo importante, y una noche, en el colegio Cisneros, se preguntó: ¿por qué no empiezo a dibujar con la izquierda? Era más torpe y lento, pero cada línea la hacía con sensibilidad y pensamiento». La mayoría de los dibujos presentes en «Eduardo Chillida. Soñar el espacio», asegura el hijo del escultor que están hechos de esta manera. La muestra, organizada por la Fundación Ibercaja en su 150 aniversario, ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, la Fundación Eduardo Chillida-Pilar Belzunce y Chillida Leku, y podrá visitarse hasta el 21 de junio en el Centro Cultural Conde Duque.
Belleza y diálogo
La exposición reúne un total de 102 piezas de Chillida, de las cuales 20 son esculturas y el resto representa «la importancia que tiene la obra gráfica, en papel, de este artista universal», subraya la comisaria Alicia Vallina. «Sus reflexiones en papel no son una obra secundaria, sino una sólida y que le permite desarrollar después sus esculturas. Eduardo intentó, a través de la escultura, encontrar en la línea del horizonte una patria común, algo que nos igualaba a todos», añade.
El recorrido se divide en diversas categorías: desde «Gravitaciones», una de las series más originales del artista, hasta «Manos», donde dibujaba las suyas propias, representando esta parte del cuerpo como un símbolo de creación. También destacan los «Retratos», incluido un autorretrato realizado en 1971 que creó en «homenaje a Pili» –Pilar Belzunce, su esposa, «sin la que él decía que probablemente habría vivido debajo de un puente», recuerda su hijo–, así como se muestran sus «Collages», unas investigaciones plásticas en torno al espacio. «Chillida no sólo trabajó el hierro, la piedra o el alabastro», matizaba ayer durante la presentación Amado Franco, presidente de la Fundación Ibercaja, «su obra también ocupa y llena el espacio, lo humaniza».
«Eduardo Chillida. Soñar el espacio» llega a Madrid tras su paso por Zaragoza, «para compartirla con un público todavía más amplio», expone Franco, y manteniendo así el objetivo de la Fundación Ibercaja de demostrar que el sueño de Chillida lejos estaba de producir, como indica uno de los grabados más reconocidos de Goya, «monstruos». Más bien, produce «belleza, libertad, diálogo y equilibrio con la naturaleza». Y así lo desarrolló con variados y diversos materiales.
Las 20 esculturas que acoge la exposición están creadas con elementos como el yeso, el hierro forjado, el hormigón armado o la tierra chamota. Además, se presenta su obra sobre papel, como son sus geométricos dibujos o grabados realizados en tinta, carbón o sanguina. Unas valiosas piezas que se exponen como una oportunidad fundamental para entender el trabajo del creador vasco, quien, a diferencia de otros artistas, no trataba esta técnica como formas preparatorias para las esculturas, pues cuentan con una singularidad y una autonomía completamente propias.
