Marcó
Vinicius en Lisboa y se armó la marimorena. Primero porque los jugadores del Benfica malinterpretaron el baile del futbolista, que se fue al banderín de córner para hacer eso que tanto hemos visto a los jugadores brasileños, tan amantes del ritmo y la samba, para celebrar su golazo. Después se levantó los hombros de la camiseta y el que lo interpretó mal fue el árbitro que le mostró una incomprensible tarjeta amarilla. Lejos de aplacar los ánimos, esa decisión del francés
Letexier no hizo más que encender la mecha.
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