Se abre una investigación internacional tras las acusaciones de abuso a 89 menores por parte de su maestro
Un anciano de 79 años ha resquebrajado la aparente calma de la seguridad en el Magreb tras destaparse una vida criminal que se prolongó durante cinco décadas. Jacques Leveugle, ciudadano francés con un largo historial en Marruecos y Argelia, se enfrenta a una investigación por la presunta violación de al menos 89 menores. La noticia ha encendido las alarmas en España, dada la extrema cercanía geográfica y la porosidad de una frontera donde este depredador actuó con impunidad desde 1974.
El fin de su anonimato llegó de forma fortuita: una memoria USB entregada por un familiar a las autoridades. El dispositivo contenía 15 volúmenes de memorias digitales donde el sospechoso detallaba sus crímenes con una frialdad quirúrgica. Según los informes que maneja la Fiscalía de Grenoble, Leveugle no solo documentó abusos a varones de entre 13 y 17 años, sino que confesó haber asfixiado hasta la muerte a su madre, enferma de cáncer, y a su tía de 92 años.
Impunidad transfronteriza
El rastro de sus víctimas se concentra en el norte de África, una región de sensibilidad estratégica para el Estado español por los constantes flujos transfronterizos. Leveugle, que residió en Marruecos desde la etapa del protectorado, trabajó como docente en Argelia durante ocho años antes de asentarse en Khenifra. Allí, bajo el disfraz de tutor privado y benefactor, financió bibliotecas infantiles y proyectos sociales para ganarse la confianza de unas familias que desconocían el peligro que acechaba a sus hijos.
La asociación 'Don’t Touch my Child' ya califica los hechos de "gravedad excepcional" y ha anunciado que se personará como parte civil en el proceso. A pesar de la magnitud de sus actos, el investigado carecía de antecedentes penales en el reino alauita, lo que le permitió mantener una residencia legal y una imagen de respetabilidad absoluta. El caso ha forzado una colaboración estrecha entre la justicia francesa y las autoridades marroquíes para procesar los miles de datos que aún guardan sus diarios.
El proceso entra ahora en una fase crítica con el inminente desplazamiento de investigadores europeos a suelo marroquí para recabar pruebas materiales. Jacques Leveugle permanece en prisión preventiva en Francia, mientras la comunidad internacional observa con estupor cómo un hombre pudo sortear todos los controles durante medio siglo. El desafío ahora es identificar a cada una de las víctimas de una barbarie que ha permanecido enterrada en la frontera sur de Europa.
