6.000 euros de multa para un conductor por aparcar su coche en la arena de una playa
La Dirección General de Tráfico ha difundido el caso de un conductor que ha sido sancionado con 6.000 euros después de que los agentes municipales comprobaran que había dejado su vehículo estacionado directamente sobre la arena de una playa.
El infractor accedió con el coche a una franja de arena compacta situada en el acceso al arenal, convencido de que aquel espacio podía ser utilizado para estacionar, pero las autoridades verificaron que la zona forma parte del dominio público y que la circulación rodada se encuentra terminantemente prohibida en ella.
La cuantía de la multa, considerablemente superior a otras sanciones de tráfico, se justifica por la naturaleza del espacio ocupado y por la necesidad de preservar el entorno litoral de agresiones derivadas del tránsito de vehículos a motor.
La base legal que sustenta esta sanción se encuentra en la confluencia de la normativa municipal y la legislación estatal de costas, que otorgan una protección especial a los arenales y a su entorno inmediato.
Las playas, independientemente de su apariencia o del grado de compactación de la arena, no están concebidas como zonas de estacionamiento ni como vías de circulación para vehículos particulares, salvo en aquellos casos excepcionales en los que exista una autorización expresa para servicios de emergencia, mantenimiento o salvamento.
La ocupación de estos espacios con automóviles altera las condiciones naturales del terreno, modifica la morfología de la arena y puede afectar a posibles especies vegetales o animales que habiten en el entorno.
Daños ambientales y riesgos para la seguridad
Las consecuencias de estacionar un coche en la playa trascienden el ámbito puramente administrativo, ya que el peso del vehículo y el movimiento de las ruedas provocan una compactación anómala de la arena que dificulta su regeneración natural y puede dañar ecosistemas frágiles situados en la franja litoral.
Además, desde el punto de vista de la seguridad, la aparente firmeza de la arena puede resultar engañosa, y no es infrecuente que los vehículos queden atrapados al hundirse en zonas de arena más blanda, lo que obliga a movilizar recursos públicos para su rescate y genera un gasto adicional que en muchas ocasiones debe ser asumido por el propio conductor.
