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No cometamos los errores del pasado

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En España hay un sentimiento muy mayoritario de rechazo a entrar en ninguna guerra o conflicto bélico. Seguramente aún permanecen en la memoria las cicatrices de una guerra que enfrentó a hermanos y españoles hace menos de un siglo. Esta consciencia colectiva se mantiene en el tiempo y así se está mostrando de nuevo ante la invasión de Irán.

Entre los errores que cometió Aznar hace 23 años estuvo el no saber interpretar ese rechazo mayoritario de la sociedad española a una intervención militar. La foto de las Azores empujó a millones de ciudadanos a la calle. Una guerra al margen de Naciones Unidas y con falta de transparencia sobre sus motivos dejó una huella profunda en nuestro país.

Otro de los elementos rechazables por una mayoría de españoles fue la mala gestión institucional. Se acudió al Congreso tarde, nueve meses después de la intervención y con falta de información sobre los motivos reales que motivaron ese conflicto.

El Gobierno debió tomar nota de aquellos errores, y aunque la comparecencia dista mucho de aquella tardía de Aznar, siempre defenderé en los temas sensibles para los españoles como es un conflicto armado, que se haga antes y que medie una llamada al líder del principal partido de la oposición. Hecho así se evitarán las acusaciones de oportunismo y electoralismo que algunos pretenden señalar en esta decisión. Mi incógnita a partir de este momento será conocer si Feijóo defenderá en las Cortes la intervención militar o el diálogo, el sí o el no a la guerra.

La política exterior y de defensa siempre deben ser abordadas como políticas de Estado, alejadas del rifirrafe al que estamos acostumbrándonos en la política doméstica. En un conflicto de esta magnitud, los principales partidos políticos en España deberíamos estar comprometidos en dar seguridad y tranquilidad a los españoles. Algo que no está sucediendo. El resto de posiciones de algunas fuerzas políticas anacrónicas, demagógicas y populistas que abarcan desde el seguidismo sumiso de la administración norteamericana, a la de otros proponiendo la salida de la OTAN, no me merecen mayor comentario. Posiciones alejadas del sentir de nuestra sociedad, y demasiado irresponsables con la necesidad de la integración territorial y la seguridad de nuestro país.

La invasión de Irán se ha llevado a cabo al margen de Naciones Unidas, sin mandato del Consejo de Seguridad y sin la aprobación del congreso estadounidense. Ha convulsionado aún más un Oriente Medio inestable y frágil, arrastrando a dieciséis países hasta este momento. Deberíamos recordar que Irán es el país más grande atacado desde la Segunda Guerra Mundial. Es un país enorme, el triple en población que Venezuela y el doble en superficie. Irak eran 25 millones de personas. Es evidente que esta intervención militar resulta más compleja que algunos análisis y discursos que estamos presenciando. El colapso de un país de 90 millones de personas puede tener consecuencias inimaginables, desde el tráfico de armas, drogas, violencia hasta una crisis migratoria muy superior a las conocidas en este siglo. La posición de la Unión Europea y de España debe ser prudente y reflexiva porque los efectos de este conflicto pueden ser duraderos en la economía, la estabilidad y la seguridad de los europeos.

Es evidente que en este conflicto Trump busca debilitar energéticamente a China y fortalecer su hegemonía mundial. Viene a nuestra memoria la famosa frase del alto asesor de George W. Bush, "cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad". Eso busca y pretende Trump, frente a lo cual, Europa debe reflexionar sobre su papel y relevancia en este nuevo orden mundial.

Al mismo tiempo los políticos españoles tenemos la responsabilidad y la obligación de transmitir seguridad a los ciudadanos. Somos la frontera sur de Europa, con amenazas y riesgos evidentes en la proximidad con África y el Sahel. Nuestros intereses estratégicos y la tranquilidad en Ceuta, Melilla y Canarias debe ser una prioridad para nuestro país.

Los conflictos siempre acaban llegando a casa, aunque puedan parecer lejanos. Es evidente que Oriente Medio sigue marcando el coste energético y esta escalada militar de duración aún imprevisible acabará teniendo consecuencias en el bolsillo de los europeos. Empezamos a verlo ya en el precio de la gasolina y muy pronto trascenderá de los mercados a la cadena de producción sintiéndose en miles de hogares, empresas y familias.

Por eso este país necesita una posición clara que responda al consenso constitucional, al acuerdo entre los grandes partidos. Es fundamental abandonar el tacticismo, escuchar a los ciudadanos, debatir con transparencia en el Congreso de los Diputados y adoptar las decisiones que refuercen la tranquilidad, la cohesión y la seguridad de los españoles ante un futuro inmediato que se manifiesta profundamente incierto.















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