Los narcos y traficantes se frotan las manos con el aumento de armas
El crimen organizado se frota las manos con la nueva guerra desatada en Oriente Medio entre Irán y Estados Unidos e Israel. Las guerras son una «ventana de oportunidad», aunque sangre decirlo, para la economía que escapa de los canales oficiales. El presidente norteamericano, Donald Trump, sopesa la opción de enviar tropas sobre el terreno si la operación se alarga demasiado, o incluso de armar a los kurdos iraníes para que se rebelen contra lo que queda del régimen de los ayatolás y la Guardia Revolucionaria. Eso supondrá que el Golfo Pérsico se llene de fusiles, granadas y munición. Y quienes se dedican a este «sector» saben que siempre se quedan restos por el camino.
Los traficantes de armas podrán hacer su agosto particular si se toma la decisión de poner «botas sobre el terreno», unidades terrestres que avancen en el conflicto. La zona, con Siria, Irak y Líbano en sus alrededores lleva dos décadas siendo un polvorín, por lo que el armamento disponible podría aflorar, además del que se envíe. Y todo eso puede acabar en manos de los grandes clanes de la droga en España, como lleva pasando desde hace años.
Los grupos criminales trabajan en simbiosis, a modo de cooperativas. Se prestan efectivos y se coordinan para que todos logren sus objetivos minimizando riesgos y costes. En esa coyuntura, los traficantes de armas juegan un papel fundamental para los narcos, ya que proveen de las «herramientas» necesarias para proteger la mercancía y defenderse de otras familias o de los agentes.
La Policía Nacional y la Guardia Civil han detectado –y sufrido– el aumento de armas de guerra en el sur de la Península. «En las operaciones lo raro ya es no encontrar algún rifle o subfusil», comenta un mando con amplia trayectoria en antidrogas. Los capos están armándose, y han perdido el respeto a atacar a los policías, como sucedió el pasado noviembre en Sevilla, cuando un agente recibió dos disparos del calibre que utilizan las AK-47.
La inteligencia española ha llegado a la conclusión de que gran parte de las armas que andan sin control por el río Guadalquivir y en el Estrecho de Gibraltar han llegado desde el frente en Ucrania tras la invasión de Rusia. Eso explica que gran parte de lo incautado en las distintas investigaciones sean fusiles soviéticos. Las rutas de los envíos de armas son varias, aunque la principal suele ser a través de envíos en contenedores a puertos del norte de África, como Túnez o algunas ciudades libias.
Otro punto crítico es el «narcotúnel» descubierto en Ceuta en febrero de 2025. Esta instalación conectaba Marruecos con la Ciudad Autónoma, y fue hallado en una investigación de la Guardia Civil relacionada con la entrada de hachís. Cayeron varios agentes detenidos por Asuntos Internos. Las pesquisas siguen abiertas, pero LA RAZÓN ha podido saber que tanto el Centro Nacional de Inteligencia como la Unidad Central Especial 3 (UCE3) de la Benemérita indagan si fue utilizado para introducir otro tipo de mercancías en nuestro país. Esta última unidad de élite es la encargada de las investigaciones de tráfico de armas y de material de doble uso, aquel que puede utilizarse tanto para el ejército como para actividades civiles, como los drones. Al otro lado de la frontera, el túnel daba a un recinto militar.
25 armas de una tacada
La presencia de armas, droga y violencia entre las costas de Málaga y Cádiz ha quedado plasmada esta semana. La Policía Nacional ha llevado a cabo dos operaciones distintas, pero que reflejan el aumento de material bélico en nuestro país, y cómo los narcos hacen uso de ello cuando tienen que defender su producto.
En Marbella se ha localizado el primer «narcozulo», un agujero subterráneo de grandes dimensiones donde un grupo criminal almacenaba una tonelada de cocaína. La construcción contaba con inhibidores y cámaras de videovigilancia. Los agentes lo encontraron tras seguir a un vehículo en el municipio malagueño. Al llegar a una zona conocida como Bosque de Ricmar, vieron que dos hombres, con chalecos de la Guardia Civil, golpearon a un tercero. Tuvieron claro que estaban ante un robo entre clanes. Tras una persecución a pie, en la que los narcos no dudaron en disparar varias ráfagas de disparos contra los agentes, fueron arrestados cuatro implicados e intervenidos un AK-47, un fusil de asalto AR15 y un subfusil tipo UZI.
En otra intervención distinta realizada en Algeciras los policías arrestaron a una persona de nacionalidad marroquí e incautaron 25 armas de fuego destinadas a la custodia de los estupefacientes.
Las armas -19 armas de guerra AK47 del calibre 762 y 6 cortas- fueron localizadas en el interior de un vehículo con placas dobladas en la localidad de Algeciras. Estaban oxidadas porque se sospecha que también podían haber estado enterradas y que podrían entrar en España por vía terrestre procedentes de la guerra de Ucrania.
