Carta de la mirada
Me detengo ante un mural inmenso, todo en blanco y negro, el estruendo ha expulsado todo el color. Bajo una luz pálida, se refleja la mirada de un toro argento que sostiene la escena inmensa de alaridos, miembros rotos y fauces abiertas. Sorprendentemente impasible, es el único que me mira y se comunica conmigo en una forma que los otros personajes no lo logran.
