Era una herida que necesitaba curar cuanto antes, porque seguía haciendo daño. Era una mancha negra en unos meses esplendorosos, y Carlos Alcaraz quería borrarla. "Tengo muchas ganas de vengarme", avisó sin reparos antes de afrontar un partido al que "le tengo muchas ganas". Cerró la herida, por aplastamiento del rival. No paró hasta que resquebrajó su resistencia, no le dejó libre en ningún momento.
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