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Los bebés que lloran menos por la noche suelen nacer en estos meses, según un estudio pediátrico

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La calidad del descanso de los bebés ha sido motivo de interés para padres y pediatras por igual.

Investigaciones recientes revelan que el mes en que nace un bebé podría influir en la forma en que desarrolla sus patrones de sueño y regula sus ritmos biológicos en los primeros meses de vida.

Este fenómeno estaría relacionado con la exposición a luz natural y otros factores ambientales que afectan la maduración de los mecanismos internos del sueño.

Luz natural y ritmos circadianos

La luz solar es un sincronizador del reloj biológico humano. En los fetos y recién nacidos, la exposición a ciclos de luz y oscuridad ayuda a conectar el ciclo interno de sueño con el ambiente externo, especialmente durante las primeras semanas después del nacimiento.

Estudios sugieren que los bebés nacidos en estaciones con días más largos como la primavera y el verano tienden a tener un ajuste más suave de su ritmo circadiano. Estas condiciones favorecen diferencias más claras entre el día y la noche desde etapas muy tempranas, lo que puede facilitar que duerman periodos más largos y con menos despertares nocturnos.

Meses asociados con mejores noches

Aunque los patrones pueden variar según el clima y la latitud, los nacidos en meses cercanos a la primavera y al verano suelen mostrar menor número de despertares nocturnos y una consolidación más precoz de ciclos de descanso prolongados.

Este efecto podría estar vinculado a una mayor exposición maternal a la luz durante el tercer trimestre del embarazo, lo que influye en la regulación de hormonas como la melatonina y posiblemente contribuye a una mayor estabilidad del sueño en el recién nacido.

Otros factores que intervienen

Más allá de las estaciones, el desarrollo de un sueño más tranquilo también está condicionado por factores fisiológicos como la madurez del sistema nervioso, la regulación térmica y la competencia digestiva del bebé.

Un entorno nocturno calmado, con poca luz artificial, temperatura estable y rutinas consistentes de alimentación y descanso contribuye significativamente a mejorar la continuidad del sueño.

La introducción de hábitos saludables desde el embarazo y la lactancia, como una dieta materna equilibrada, puede aportar componentes neuroquímicos beneficiosos que, indirectamente, favorecen la autorregulación del bebé.

Es importante aclarar que las asociaciones entre el mes de nacimiento y los patrones de sueño representan tendencias observadas en poblaciones amplias. Cada bebé es único, y múltiples factores (genéticos, ambientales y culturales) también juegan un papel esencial en cómo evolucionan sus ciclos de descanso.















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