Un libro recorre 121 canchas de fútbol para contar otra Costa Rica
Hay países que se explican a través de sus monumentos, sus avenidas o sus edificios más emblemáticos. Adrián Reifer decidió buscar a Costa Rica en otro lugar: las canchas de fútbol dispersas entre montañas, costas, barrios y pueblos.
El resultado es Paisajes del Fútbol, una obra que trasciende el deporte para convertirse en una radiografía visual del territorio y de las comunidades que lo habitan.
Durante tres años, el arquitecto recorrió el país documentando más de 410 plazas deportivas hasta seleccionar 121 que, a su juicio, condensaban una relación singular entre paisaje, identidad y vida cotidiana. El resultado es una edición de lujo de 308 páginas, impresa en papel fotográfico brillante, donde cada imagen funciona como una ventana a una Costa Rica que rara vez ocupa el centro de la conversación nacional.
Lejos de centrarse en los grandes estadios o en las figuras profesionales (como suele pasar habitualmente), el libro dirige la mirada hacia esos espacios abiertos que, en muchos pueblos, sirven al mismo tiempo como punto de encuentro, referencia geográfica, silenciosos escenarios de celebraciones y lugar de convivencia.
A partir de ellos, Reifer construye un relato que combina fotografía, memoria colectiva, historia deportiva y observación del territorio.
Conversamos con el autor sobre lo que descubrió al recorrer el país, las historias ocultas detrás de estas plazas y las razones por las que una cancha puede decir tanto sobre Costa Rica como cualquier monumento.
Después de recorrer más de 410 plazas y elegir 121 para el libro, ¿qué descubrió sobre Costa Rica que no esperaba encontrar cuando comenzó a fotografiar canchas de fútbol?
Antes de comenzar las giras fotográficas tenía la incertidumbre de no encontrar suficientes canchas que cumplieran con la calidad visual que buscaba, es decir, una armonía entre la cancha y un contexto interesante.
”Por eso, inicialmente conceptualicé el proyecto combinando plazas deportivas y recreativas. Sin embargo, conforme fui identificando más canchas de fútbol con esas características, empecé a creer que sí era posible construir un libro completo sobre el tema en Costa Rica. Además, me sorprendieron para bien muchos pueblos que no conocía o a los que quizá no les tenía mucha fe, y terminé reforzando mi convicción sobre la amabilidad del costarricense en general.
Usted plantea que estas plazas representan mucho más que fútbol. Si tuviera que explicarle a alguien extranjero qué cuentan estas canchas sobre la identidad costarricense, ¿qué le diría?
Le diría que estas canchas, al convertirse en hitos dentro de los pueblos, fortalecen el sentido de pertenencia y el apego de las personas hacia sus comunidades. Además, suelen estar rodeadas de elementos muy representativos del paisaje nacional, como volcanes, iglesias, cuerpos de agua o una vegetación destacada. Todo eso genera orgullo en quienes viven allí y contribuye a fortalecer la identidad costarricense.
Como arquitecto, ¿qué le revelan las canchas sobre la forma en que las comunidades se organizan, se encuentran y construyen sentido de pertenencia?
Muchas canchas funcionan como puentes entre distintos usos urbanos. Por ejemplo, en un costado pueden tener viviendas y en otro comercios, sin contar otros elementos como escuelas, iglesias, paradas de autobús o servicios de salud. Veo la cancha como un espacio articulador que conecta todos esos componentes. Más allá de su función deportiva, son lugares de convivencia, entendimiento e incluso de apoyo comunitario entre vecinos y visitantes.
En el libro aparecen desde canchas rodeadas de naturaleza hasta escenarios urbanos. ¿Qué diferencias encontró entre las historias que cuentan unas y otras?
Las diferencias están muy ligadas a los componentes del paisaje. Cada fotografía principal del libro está clasificada dentro de una de diez categorías paisajísticas, y eso refleja estilos de vida distintos.
”En las zonas más rurales todavía es común ver personas desplazándose a caballo, vecinos compartiendo en cantinas o gente pidiendo un aventón en la carretera. En los entornos urbanos, en cambio, se percibe una actividad más intensa tanto dentro de las canchas como en sus alrededores, con mejengas constantes y una mayor dinámica comunitaria.
¿Hubo alguna cancha o comunidad que le hizo replantearse la idea original del proyecto? ¿Por qué?
Hubo algunas canchas que, por sí solas, quizá no tenían la riqueza estética que buscaba en términos de la combinación entre cancha y paisaje. Sin embargo, por la importancia de los lugares donde se encontraban, decidí incluirlas. Casos como la Isla de Chira o Río Celeste son ejemplos de sitios con un enorme valor turístico y cultural.
”Eso me llevó a explorar fotografías más artísticas, enfocadas en detalles como los marcos de las porterías, algo que no estaba contemplado en la idea original del proyecto.
En una época en la que el fútbol profesional domina la conversación, usted dirige la mirada hacia espacios anónimos y cotidianos. ¿Qué cree que estamos dejando de ver cuando solo observamos el deporte desde los grandes estadios?
Desde mi perspectiva, que no es la de un profesional del fútbol sino la de un aficionado apasionado, creo que podríamos estar dejando pasar talentos importantes. Incluso más allá del fútbol, porque algunas de las plazas seleccionadas forman parte de complejos deportivos con pistas de atletismo y canchas de baloncesto.
”Muchas personas con potencial para aportar al país quizá nunca han tenido la oportunidad de mostrarse en escenarios donde puedan ser observadas.
El libro parece hablar tanto de personas como de paisajes. ¿Qué pesa más en la obra: el fútbol, el territorio o la memoria colectiva?
La intención principal siempre fue crear un libro de arte, un coffee table book compuesto por fotografías que mostraran una relación armoniosa entre canchas y paisajes.
”Posteriormente, esas imágenes se complementaron con textos que aportan historias e información de carácter deportivo, cultural, geográfico, botánico y vivencial. Como el libro está dividido por provincias, también incorpora relatos sobre figuras históricas del fútbol costarricense elaborados por Rodrigo Calvo Castro. A eso se suman contenidos sobre fundaciones y hasta una canción. Si algunas personas terminan leyéndolo como una obra centrada en el fútbol o en la memoria colectiva, me parece satisfactorio, aunque esa no fue la intención inicial.
Cuando alguien cierre la última página de Paisajes del Fútbol, ¿qué espera que entienda sobre Costa Rica que quizá no comprendía antes de abrir el libro?
Espero que comprenda la enorme diversidad de paisajes que tiene Costa Rica, tanto naturales como urbanos, así como la gran cantidad de canchas abiertas que existen a lo largo del territorio. También me gustaría que descubra las historias y leyendas que han contribuido a moldear el rumbo del fútbol costarricense y, en cierta medida, la identidad de muchas comunidades del país.
Puede conseguir el libro en paisajesdelfutbol.com, Libreria Internacional y Uno Sports a un precio de ₡29.800 y en el Aeropuerto Juan Santamaria por $75.
