Energía y alimentos: hace falta un plan nacional para salvar los cereales
Hacer previsiones sobre lo que puede pasar con el IPC es jugar a la ruleta rusa o a la lotería, ahora de moda otra vez, porque ya han salido a la venta los décimos del Sorteo de Navidad. Además, el adivino corre el riesgo de equivocarse por una razón muy sencilla: la subida o bajada del IPC depende en buena parte de dos componentes, el de la energía y el de los alimentos, que dependen, a su vez, de las bravuconadas de Trump en el conflicto del Golfo Pérsico.
Y, a las pruebas me remito. El presidente de Estados Unidos dice un día una cosa y al siguiente la contraria. Es más, en alguna ocasión ha cambiado de opinión en la misma jornada. Para demostrarlo ahí está lo que dijo en la última Cumbre de la OTAN sobre España. Una vez que se ha dejado claro lo anterior, todo apunta a que el IPC seguirá subiendo en los próximos meses debido justamente al incremento, como tendencia de fondo, en los precios de los combustibles, de los fertilizantes (estrechamente ligados a los anteriores) y de los alimentos.
Los abonos y los combustibles son dos de los principales medios de producción que utilizan los agricultores, sobre todo, y también los ganaderos. Si estos pueden repercutir esas subidas en los precios de los alimentos que venden, habrá alzas de estos últimos cuando lleguen a los consumidores. Y, si no pueden hacerlo, pues nos encontraremos a medio plazo ante un grave problema, porque en el campo se estará trabajando a pérdidas.
Y eso no se podrá aguantar durante mucho tiempo, porque los agricultores y ganaderos de a pie no andan muy sobrados de músculo financiero y de reservas en términos de dinero. Eso se traduciría en abandono de la actividad agraria, bajadas de algunas producciones en términos de cantidad y subidas de precios, salvo que se disparasen las importaciones.
Un ejemplo claro de situación grave es lo que está pasando con los cereales, aunque no sea un producto que compremos directamente los consumidores, como sí lo son las frutas y hortalizas.
Los cerealistas de muchas zonas de secano llevan ya cuatro campañas consecutivas de pérdidas y eso no hay reserva financiera que lo aguante. Muchos han decidido tirar la toalla ya y hace falta un plan nacional para salvar este sector.
