«Aquí comíamos todos los días». La diseñadora Tatyana von Boettinger acaricia con la mirada una mesa de madera mientras un grupo de turistas la fotografía desde todos los ángulos. Para ellos es una estancia más del recorrido. Para ella fue el lugar donde desayunaba antes de ir al colegio. No es habitual crecer en una casa que, años después, se convierte en museo. «Cuando era pequeña, la gente ya me paraba por la calle para preguntarme si podían visitarla», recuerda mientras avanzamos por un laberinto de pasadizos excavados en la roca volcánica. Habla como la propietaria (junto a su hermano) y directora de LagOmar , pero, de vez en cuando, se cuela la niña que corría por aquellas cuevas. La...
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