Adrián Ruiz pasa buena parte de su vida en el Ateneo. Cerca está de pedirles a los ateneístas que le cedan algunos metros cuadrados de la planta superior del ilustre edificio para echarse allí a vivir. Recuerda al arranque de la tercera parte de 'Fortunata y Jacinta', cuando Benito Pérez Galdós escribe: «Juan Pablo Rubín no podía vivir sin pasarse la mitad de las horas del día o casi todas ellas en el café». El joven filósofo pasa las suyas en el liceo madrileño porque en la capital de lo otro ya no hay. Con la desaparición de aquellos cafés de encuentro ha desaparecido no sólo una forma de habitar la ciudad, sino también una manera de relacionarse en público....
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