Comida casera cien por cien combinada con un trato cordial y amable es la fórmula de El Nombre es lo de Menos . Regentado por Alfonso Lozano García y su esposa, Eloísa García Ortiz, lleva siete años en el barrio de Ciudad Jardín, pero antes, durante catorce años, se situó en el polígono industrial La Torrecilla. El afán por ofrecer variedad cada semana y calidad en sus platos se constata en el salón comedor, en su amplia terraza en la avenida Gran Vía Parque, 43 y en el saloncito cofrade repleto de cuadros con imágenes de la Semana Santa. Este acogedor espacio reúne, sobre todo en invierno, a una pequeña tertulia cofrade para cenar o almorzar y en general a todo tipo de público que saborea, previa reserva, guisos como el potaje de habichuelas con perdiz. En sus paredes hay representación de todas las cofradías y pronto de las de la provincia, algo que agrada a quienes llegan de los pueblos. Estos días ofrece carrillera de atún con salsa de la casa, carrillera de angus y, como el verano sigue muy vivo, calabacín de la huerta a la brasa con queso de cabra caramelizado y pesto de albahaca. Cada fin de semana la máxima de Alfonso Lozano García es renovar y trae mucho pescado fresco de las costas de Málaga y Cádiz, como pijota, para servirlo frito o a la brasa. El atún en todas sus versiones posibles, incluido el tataki. Las nuevas croquetas de salmorejo están gustando mucho en su línea prioritaria de ofrecer cocina de elaboración propia, que conquista a su público. En carnes a la brasa, como especialidad figuran el mogote de bellota, el abanico ibérico del Valle de los Pedroches, la presa, el solomillo y las brochetas de carne con verdura. En la trilogía de indispensables en El Nombre es lo de Menos contesta su dueño que «las croquetas no pueden faltar nunca, tampoco el flamenquín y un buen salmorejo. Lo típico de Córdoba no se puede perder. Tuve la suerte de conocer a Ángel León en Madrid y me dijo: 'Córdoba es muy bonita para destrozar el salmorejo y el flamenquín. Eso no se puede perder, siempre tiene que estar en la carta'». Le añade la mazamorra de pistacho, «que está de moda ahora, el pistacho es top y la preparamos con una poquita de melva y le damos un toque de frescura. Es un plato potente», indica. Sobre cómo lo hace para estar al día y renovarse explica que «es darle vueltas a la cabeza, me gusta mucho salir fuera de Córdoba para ver gastronomías nuevas. Tengo grandes amigos compañeros cocineros, hablamos mucho y compartimos ideas entre unos y otros. Es una parte fundamental que entre compañeros nos ayudemos mutuamente». A un buen almuerzo o cena en esta casa le sigue alguno de sus postres caseros: la torrija acompañada con helado es la estrella, pero la tarta de queso y el postre de chocolate tampoco se quedan atrás. Cuando las hojas de los árboles comiencen a caer, el otoño deparará guisos como las manitas de cerdo y los callos. Con vistas a la campaña de invierno ya está ideando platos nuevos en la carta y siempre además hay muchas sugerencias. A él con su restaurante le sucede como a quien prepara en casa a diario la comida, el célebre qué pongo hoy: «En los negocios pasa lo mismo porque al cliente habitual no puedes irle siempre con la misma carta, hay que ir cambiando». Su original nombre procede de una anécdota personal en los comienzos: durante las obras para adecuar el local del bar en La Torrecilla a su mujer todo el mundo le preguntaba cuál sería la denominación que iban a ponerle. Ella siempre respondía que «el nombre es lo de menos porque ahora mismo estamos de obra, ya lo buscaremos. Y ella me dijo ¿y si le dejamos El Nombre es lo de Menos? Y así está, no lo cambio por nada del mundo». Le consta que son muchos los que dicen de ir «al sin nombre, que allí se come muy bien», sonríe. La clientela es muy familiar, con personas que buscan sentirse como en casa para charlar un rato y disfrutar de una copa de vino o de cerveza a la vez que tienen a su alcance buena comida. También para celebrar alguna fecha especial entre amigos y parientes. «Estamos muy satisfechos con el barrio y con los de fuera, me siento agradecido por todos los que vienen y, sobre todo, porque se dejan llevar por nosotros». De martes a sábados abre al mediodía; los viernes y sábados también por las noches, previa reserva. Los domingos por la noche y los lunes cierra por descanso.