La montaña no tiene espejos
Setenta
Setenta años… y la montaña me sigue llamando por mi nombre.
Setenta no se cumplen: se alcanzan.
Ayer crucé esa frontera. Lo escribo despacio, saboreando el trazo de las letras, porque sé que no es solo un número: es una estación nueva en un camino que se vuelve más hermoso cuando se eleva.
No llego aquí como quien alcanza una meta y se detiene; llego como quien corona un puerto y, desde la cumbre, descubre que el horizonte se ha ensanchado.
Es una forma distinta de mirar lo de siempre. Читать дальше...
