Las influencers trabajan sin horarios y viven una vida de ensueño. Al menos, eso nos parece al otro lado de la pantalla. Son la voz de las marcas y el espejo en el que mirarnos. El reflejo de nuestros anhelos y el ejemplo de cómo nos sentiremos cuando alcancemos nuestras aspiraciones. Porque si hace 20 años nos hubiesen hablado de los trabajos del futuro, nuestra imaginación ni siquiera habría llegado a esbozar una mínima parte del paradigma en el que vivimos.